MERCADO DE LAS BRUJAS UN LUGAR PARA CAMBIAR LA FORTUNA

BOL01 LA PAZ  (BOLIVIA).- Imagen del jueves 30 de mayo del Mercado de las Brujas de La Paz, uno de los atractivos turísticos de esta ciudad boliviana, que obtuvo este miércoles la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la urbe andina, como punto de referencia para saberes originarios, ofrendas rituales andinas y medicina tradicional. EFE/Martin Alipaz
BOL01 LA PAZ (BOLIVIA).- Imagen del jueves 30 de mayo del Mercado de las Brujas de La Paz, uno de los atractivos turísticos de esta ciudad boliviana, que obtuvo este miércoles la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la urbe andina, como punto de referencia para saberes originarios, ofrendas rituales andinas y medicina tradicional. EFE/Martin Alipaz

Las vendedoras se apoderan de las calles próximas a la iglesia de San Francisco, donde se encuentra el Mercado de las Brujas, y exponen sus productos en las aceras llenándolas de vivos colores, por los textiles y los amuletos que aseguran que atraerán mejores días, además de los cientos de fetos de llama colgados que sirven de ofrenda para la Madre Tierra.
Este peculiar mercado es uno de los lugares más visitados por los turistas y acaba de ser declarado por el Concejo Municipal de La Paz como Patrimonio Cultural Inmaterial de la ciudad andina, por su importancia para el conocimiento y por las prácticas ancestrales que conserva.

Las calles de los deseos. “Este es un lugar para venir a desear, con fe y convicción, lo que uno quiere lograr”, explica a Efe la vendedora Flora López, quien ha visto recorrer esas calles a miles de turistas y locales durante treinta años.
Esa es la clave y el ánimo, según la vendedora, con el que uno debe transitar estas veredas: con fe y ganas de lograr lo que el corazón desea, para que la diversidad de amuletos, pócimas, perfumes y ungüentos que ofrecen hagan efecto.
Las vendedoras tienen pócimas para atraer al amor verdadero; polvos “mágicos” para olvidar alguna pena o al amor no correspondido e incluso amuletos para llamar la suerte, tener más dinero, mejorar la salud o revertir un maleficio.
Como los polvos de pusanga, una planta que si se ingiere una vez al día ayudará a conquistar a la persona deseada, o los “polvos de lengua de perro”, que sirven para conquistar a muchas mujeres u hombres, o la “miel del amor”, de la que se espera el mismo efecto.
Hay también una diversidad de velas hechas de cera de distintos colores para atraer la energía que uno necesita y también perfumes que ayudan a conseguir dinero, éxito o buena suerte.
Los más comunes son los amuletos hechos en cerámica con distintas formas, como la silueta de una mujer para atraer la fertilidad, un sol para obtener mayor energía, el búho para mejorar los estudios o el cóndor para emprender un viaje. También hay collares y llaveros hechos de semillas como el “wayruru”, que atrae la buena fortuna si se usa con frecuencia, entre otros objetos que alejan las envidias y los maleficios.
Uno de los más llamativos es una caja que asegura tener los polvos de las tripas del diablo que ayuda, según dicen quienes lo ofrecen, a “alejarse del vicio del alcohol”.
López asegura que propios y extraños llegan a su tienda para comprar estos remedios e incluso muchos vuelven para agradecerle, “porque su situación se ha revertido y lograron cumplir sus deseos”.
Sin duda los más requeridos por hombres y mujeres son los amuleto que atraen el amor o mejoran la virilidad y la fertilidad, según la veterana comerciante.

Fetos de llama, los “dulces” para la Pachamama. Además de desear, también a este mercado se va a comprar “dulces” para ofrendar a la Pachamama o Madre Tierra y agradecerle o pedirle prosperidad.
El que más asombra a los extranjeros son los fetos de llama disecados, que están colgados en la mayoría de los puestos de este peculiar mercado.
El feto de llama, producto de un aborto natural, según López, es una parte esencial en las ofrendas que se hacen a la Madre Tierra, y va acompañado de distintas lanas de colores y dulces en forma de casas, autos, libros o dinero, que son parte de la “mesa” de agradecimiento.
La vendedora contó que estas “mesas” para la Pachamama se queman para que todos esos dulces lleguen a la Madre Tierra o se entierran para pedirle permiso, por ejemplo, cuando se comienza una construcción, para evitar accidentes.
Estas ofrendas son una práctica ancestral que aún se conserva y que mayormente se realiza en agosto, considerado el Mes de la Madre Tierra.

Las chifleras y la medicina tradicional. Las mujeres que venden distintos tipos de plantas medicinales y ungüentos hechos en base a ellas se conocen popularmente como “chifleras”. Ellas, con sus conocimientos, pueden curar desde un resfrío hasta un arrebato.
Las chifleras cuentan con plantas como la manzanilla, la “wira wira” o el eucalipto, que ayudan a combatir los resfríos, pero también tienen flores de las que se hacen mates cuando el “ajayu” – alma en aimara- se marcha producto de un susto o un arrebato. Además venden una diversidad de ungüentos hechos por ejemplo en base a grasa de mula, para el dolor de huesos; la moringa, que sirve para prevenir toda clase de enfermedades; la zarzaparrilla para el dolor de los riñones e incluso sábila, para evitar la caída del cabello.
También ofrecen bandejas con varias plantas para darse un baño y así alejar las maldiciones, y preparados especiales para revertir la fortuna.
En el mercado también están los yatiris, sabios aimaras, que están dispuestos a leer la suerte en hojas de coca o en naipes para conocer la fortuna.

Patrimonio de La Paz

El Concejo Municipal de La Paz recientemente declaró este mercado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la ciudad andina por la importancia de sus componentes, como los saberes y conocimientos ancestrales de ofrendas y rituales para la Madre Tierra, al igual que por el vasto conocimiento de la medicina tradicional.
El valor histórico, cultural y social de este lugar, donde se manifiestan los conocimientos antiguos sobre la naturaleza y el ser humano, motivan este reconocimiento al Mercado de las Brujas en el entorno de la popular calle Sagárnaga.
Los rincones coloniales, los aromas a incienso, la diversidad de textiles y colores le dan a este rincón de La Paz un aire místico y único donde se une la tradición y la fe en la mejor fortuna.