Merecer menos restricciones

Merecer menos restricciones

Condicionar -como dispusieron las autoridades- la eliminación de restricciones a la vida nocturna a zonas del país a que alcancen la meta de vacunar por completo al 70% de los moradores de cada lugar, pone a los ciudadanos en capacidad de desembarazarse por esfuerzo propio de límites a su accionar que les resultan odiosos y lesivos en muchos casos. Acercar la proporción de vacunados a la inmunidad de rebaño.

hacia la que se ha marchado satisfactoriamente hasta ahora, es una meta alcanzable en pocas semanas si más gente, de todas las condiciones, asume la obligación de inocularse para su propio bien y por el de las colectividades a que pertenecen. Corresponde a los empleadores motivar y autorizar a sus asalariados a acudir a inyectarse en horas laborables.

La disponibilidad del material biológico, gracias a exitosas diligencias oficiales, está garantizada por el Estado con cíclicas importaciones que deben estar articuladas a una distribución territorial a través de una cadena de frío, puntual y de flujo suficiente para que siempre sea posible vacunarse donde quiera que se esté residiendo o trabajando.

Corporaciones, agremiaciones y juntas de vecinos deben promover la inoculación en sus ámbitos, siguiendo el ejemplo de sus iguales que ya estén en eso. Librarse de toques de queda debe ser una conquista cívica aunque la Policía debe combatir las desobediencias festivas y alcohólicas sin distinción de clase.

Devaluación de los rangos

A partir de un todavía cercano momento de la historia de este país, a nadie causaba sorpresa que tras la captura de algún barón del narcotráfico se admitiera públicamente que entre las credenciales halladas en su poder estaba alguna, emitida formalmente, que lo hacía aparecer como oficial de algún cuerpo armado o de seguridad del Estado, truculenta falsedad útil al crimen organizado que nunca dejó huellas para establecer responsabilidades ni las buscaron.

Posteriormente, y con implicaciones menos graves, se han venido descubriendo como investidas de rango y membresía de instituciones castrenses a personas que no suelen reunir condiciones para pertenecer a ellas ni siquiera de manera simbólica ni en atención a méritos en la vida civil.

La abundancia de tales «gracias» resta valor a rangos llamados a inspirar respeto en todo momento.