Metafísica y revelación

POR  P. JESÚS HERNÁNDEZ, SDB
Toda metafísica, obra máxima de la razón, se enfrenta con la revelación cristiana, que origina la fe. Voy a complacerme en el tema que he tratado otras veces donde la metafísica es el grado supremo de la sabiduría humana y donde el dogma es la expresión verbal de la revelación de Cristo donada gratuitamente al hombre y recibida en la fe.

Razón y metafísica.

Primero afirmo que toda filosofía culmina, explícita o implícitamente, en una metafísica. Hoy, más que nunca, la filosofía abarca una pluralidad inmensa de objetos, particularmente sobre el hombre y sus obras: su persona, su mente, su acción, lengua, historia, derecho, número, creencias, arte y belleza, cultura. Reconozco que en este trabajo intelectual se producen reflexiones maravillosas, ingeniosas, originales, en avanzada constante cada día.

Pero el hombre es algo más que antropología, gnoseología estética, analítica, hermenéutica, ética o lógica. Ninguno de esos estudios agota al hombre. La realidad es que con esas especialidades nadie se sacia. Cada sector tiene una barrera, puesta por el mismo, que se ve obligado a respetar, impidiéndose adrede el salto.

Esa es la realidad de la filosofía; grandes conquistas, pero fragmentarias. Pasa lo mismo que en la ciencia. Con eso se llega a una apertura superior, a una sabiduría de enfoque totalizante, a lo que se ha venido a llamar metafísica, la filosofía del ser y de lo que al ser se refiere.

Destaco tres cumbres en tres obras de esa materia: Aristóteles en la antigüedad, Tomás de Aquino en la edad media y Francisco Suárez (1548- 1617). El último ya en época moderna. Las Disputaciones Metafísicas, de época moderna tienen dos volúmenes en sus Obras Completas de la edición de 1861 de 1094 y 981 páginas; en la edición bilingüe de Gredos (1960) abarca cinco volúmenes de unas setecientas páginas cada uno. Abundan las valoraciones de estas metafísicas en época reciente. Así como abunda el desconocimiento o las pseudometafísicas donde se esfuma el ser o se colorea con alguna fantasía.

A resguardo de todo equívoco o falsa interpretación, es verdad que uno puede conocer a Kant y no ser kantiano o conocer a Hegel y no ser hegeliano, por razones de diferencia en la metafísica.

Metafísica es desnudar cada realidad de sus particularidades y considerarla desnuda en su ser. Es la contemplación de algo implicado en todo ser, lo más real, lo primero, lo más rico, por más que sea fruto de una abstracción, de un ir dejando las particularidades, lo superficial hasta lo profundo, ir dejando las hojas y las ramas hasta el tronco y la raíz del árbol.

Es interesante añadir que la metafísica va acompañada de un gnoseología realista, razón por la cual el principio idealista moderno contamina toda metafísica. Siempre quedan problemas sin resolver, porque el ser está envuelto en el misterio.

En este sentido no son metafísica los errores en metafísica, como no son matemáticas los errores en matemáticas. De las mil tendencias modernas nacidas del principio idealista: el racionalismo y empirismo, el criticismo y el idealismo, la fenomenología y la hermenéutica, el naturalismo y el positivismo, el deísmo y el panteísmo el cientismo y el evolucionismo, la filosofía ligth. Ninguna de estas tendencias tiene fuerza para llegar a metafísica pues al decir de Santo Tomás un error pequeño al comienzo se hace grande al final.

La revelación y la fe

Ahora cabe preguntarse ¿Qué es la fe cristiana, manejada a título científico por el teólogo? Este intenta ahondar en la vivencia del creyente sencillo.

Parto del hecho de que todo se basa en un dato histórico, no en una creación intelectual, pues supera radicalmente lo puramente intelectual, es inalcanzable por la razón. Cristo como realidad histórica va precedido por dos mil años de historia y seguido de otros dos mil. Ese es el testimonio, antes y después de la presencia en nuestro mundo. La experiencia vital de su persona aparece como Dios y como hombre. Revela a Dios comunidad, uno en esencia y trino en personas. De él deriva la vivencia vital de cada hombre con el Dios vivo, un credo revelado por él y propuesto al creyente que cree en el y le cree a el En forma sintética: Dios (Padre) es creador, Dios (Hijo) es redentor del pecado, Dios (Espíritu Santo) mantiene actualizada la obra creadora y redentora en la humanidad nueva.

La vivencia cristiana, en manos del teólogo no pierde su condición de misterio.

Metafísica y revelación

Tenemos la sabiduría humana de la metafísica y la sabiduría divina del cristianismo. A este nivel entran en contacto dos totalidades. Lo repito, no es el psicólogo, ni el cosmólogo, ni el ético, ni el crítico, fenomenólogo sino el metafísico. Estos deben dejar su especialidad si quieren actuar como metafísicos. (Ridícula es la necedad del astronauta que se ufana de no haber visto a Dios con sus aparatos).

En muchas universidades, aun no eclesiásticas, existen las dos facultades de filosofía y teología. ¿Cabe oponer el Dios de los filósofos al Dios de los creyentes, explicitado por los teólogos. La primera respuesta es que grandes teólogos son grandes filósofos y grandes filósofos son grandes teólogos. No cabe contradicción, pues en la Metafísica de Tomás nunca aparece Cristo para avalar sus tesis ni en la teología de Tomás aparece Aristóteles para avalar sus verdades de fe. La razón entra solo como marginal, no como prueba de lo que excede la razón. Quien escribe ha cursado las dos carreras, con excelentes profesores. No estoy dividido ni veo antagonismo o imposibilidad de juntarlas en mi persona. No se contradicen, se complementan y perfeccionan mutuamente.

La razón última es que el hombre es hechura de Dios. Es una participación limitada del Infinito, que me hace partícipe de su verdad por dos caminos: por mi razón natural y por su revelación de un plan histórico de salvación. Dios ha hecho al hombre grande para desarrollar al infinito su inteligencia y se ha encarnado para hacer del hombre una creatura nueva en Cristo. Eso conlleva una visión nueva de la realidad humana total. Con eso queda reforzada también la inteligencia, proclive al error, y perfeccionada con la ayuda de la verdad revelada.

Conclusión

Razón y fe, dos riquezas para el mismo hombre, particularmente para quien las cultiva con pasión. Tomás de Aquino príncipe de filósofos y de teólogos exclama al encontrar el ser en el Éxodo y en Aristóteles: sublimis veritas, verdad sublime.