Metro a la criolla

¿Se está dominicanizando el Metro? Sería una lamentable y triste noticia, pues la eficiencia, el orden, la comodidad que ofrece, pero sobre todo el dramático contraste entre ese rápido y moderno medio de transporte y las voladoras de Juan Hubieres, las chatarras del concho o los inseguros motoconchos, nos permite disfrutar, así sea por el tiempo que transcurre entre una estación y otra, de los mismos privilegios que los ciudadanos de las grandes metrópolis del primer mundo del que todavía estamos tan lejos. Mucha gente apostó a que el “invento de Diandino y Leonel” terminaría en un enorme y costoso fracaso como tantos elefantes blancos paridos por la delirante irresponsabilidad de nuestros gobernantes, sobre todo si se tiene en cuenta que nuestra admistración pública desconoce la palabra mantenimiento, pero la gente de la Opret, con el eficiente y diligente Leonel Carrasco a la cabeza, demostraron que el servicio podía mantener su calidad y eficiencia. Por eso hay tanta preocupación por las averías que se están produciendo en el Metro, la más reciente el pasado jueves, cuando un apagón en la estación Juan Ulises García Saleta de la línea II provocó la interrupción del servicio y obligó a muchos usuarios a recurrir a otros medios de transporte. El ingeniero Carrasco, siempre tan amable, dice que las “fallas técnicas” son “normales”, que no hay nada de qué preocuparse, pero la del jueves es la cuarta avería que se produce este mes. Ojalá tenga razón y que, ciertamente, no existan motivos para la preocupación o la alarma como consecuencia de esas “fallas técnicas” tan recurrentes, pero conociéndonos como nos conocemos hay que contar siempre con la posibilidad de que, casi sin darnos cuenta y como quien no quiere la cosa, se vuelvan tan “nornales” como los eternos apagones que hacen de nuestra modernidad una caricatura. Por eso es tan pertinente insistir en la pregunta, ¿se está dominicanizando el Metro?