Mi generación

Mi generación ha visto de todo: sufrimiento bajo la tiranía, la decapitación del trujillaje, la alborada de la democracia, el disfrute de la libertad, el ejercicio libre del derecho al voto, un golpe de Estado, la vuelta al gobierno autoritario, otro golpe de Estado para reponer la constitucionalidad, una guerra civil, otra invasión norteamericana y la lucha patriótica contra los yanquis, una dictablanda de 12 años, una rendija por donde se vio el retorno a la democracia, un ciclón batatero, la vuelta al despotismo y a las trampas electorales, la confirmación de una vieja y desconocida traición  desnuda públicamente con las manos arriba, primer gobierno de la desilusión, el despertar que confirma lo que dijo Calderón de la Barca : los sueños, sueños son, otro ciclón devastador, la vuelta de una actitud más transparente, el sunami bancario que sepultó un programa de buenas acciones que comprendía todo el país, la vuelta al sueño que se convirtió en pesadilla cuando se dio la espalda a los principios morales. De todo hemos visto.

Gente que gana tres centavos y compra fincas, apartamentos, casas de veraneo en playas y montañas, inversiones en bienes raíces, sin que haya sanción para los grandes ladrones, los grandes desfalcadores, los nuevos señorones de la política enriquecidos a una velocidad nunca vista en funcionarios de ningún gobierno pasado.

Casas con cines para 20, 30 y 50 personas, automóviles que sólo se conocían en revistas especializadas. Edificios multipisos fabricados sin los estudios de suelo debidos, propiedad de desconocidos herederos de fortunas de bienes familiares inexistentes. 

Empleados que compran pisos de millones de dólares sin que puedan justificar el origen honesto de los bienes que permiten las adquisiciones.

Aumento escandaloso de la pobreza y la marginalidad. Enriquecimiento ilimitado y surgimiento de multimillonarios cuyas fortunas hace mucho que cayeron dentro de la tipificación delictual del código penal, pero como no hay justicia ni el pudor de ocultar lo mal hecho ¿qué siga la fiesta? ¡Noooo!

Voces que claman, sin que sean tomadas en cuenta, por una justa aplicación y respeto a la Constitución y las leyes, un ejercicio transparente de los poderes públicos, una administración honesta de los fondos del erario.

Mi generación ha visto cómo un pelafustán se convierte en figura social y política, en un galán apetecido por familias nobles venidas a menos para las cuales el dinero está por encima del comercio de narcóticos.

Debemos contribuir para aliviar la situación haitiana. Olvidemos los damnificados del ciclón David, del huracán George, olvidemos la falta de inversión en salud y educación.

Barramos para debajo de la alfombra.