Miguel Cocco, con el ejemplo

Los actos de despedida física de Miguel Cocco, Director de Aduanas y viejo máximo dirigente de los Comités Revolucionarios Camilo Torres (CORECATO), realizados durante los pasados días 20, 21 y 22 de mayo, constituyeron un verdadero plebiscito de reconocimiento por parte de prácticamente todo el espectro social del país.

Durante esos días concurrieron, a su último adiós, dirigentes y miembros de partidos políticos de los más variados signos, del poder económico y  popular, del poder militar, del mundo académico, profesional, eclesial, del arte, del deporte y de la comunicación.

Algunas razones explican este hecho. Primero, su profundo don de humanidad y  solidaridad, su generosidad que siempre lo llevaba a querer ayudar, su laboriosidad y honradez, su familiaridad y su profunda vocación por la justicia. En segundo lugar, el reconocimiento a su autoridad moral. Autoridad moral relacionada con su conciencia revolucionaria y su adscripción a las ideas socialistas.

Es su estatura moral la que le permite criticar los muchos actos de corrupción administrativa que se dan en su propio gobierno. No se enlodó  al caminar por el pantano y supo denunciar importantes  lacras de nuestra sociedad. En uno de los actos de la “Confraternidad Camilista” efectuado en septiembre del 2005 planteó: “Haber sido militante de izquierda es mi pasado más orgulloso. Sigo pensando igual. Sigo pensando que hemos sostenido una sociedad basamentada en la injusticia. Una sociedad que quiere dar un salto al desarrollo gravando a los pobres y privilegiando a los ricos”. Pienso que su enfermedad y  su  desenlace fatal le impidieron avanzar hacia una mayor diferenciación en el seno del gobierno y del PLD.

Miguel fue un hombre conceptuoso e inteligente. Así fue desde los años juveniles en que se destacó como dirigente estudiantil del BRUC y como miembro del Consejo Universitario en la UASD. Esas cualidades le acompañaron a lo largo de toda su trayectoria política.

Pero también fue un hombre de acciones y compromisos, como lo muestra su participación en los planes insurreccionales de los Comandos de la Resistencia-Corecato y en la estrategia guerrillera de Caamaño y sus heroicos compañeros.

Miguel tuvo defectos, como todos los humanos. Y cometió errores, como todo zoon politikon. Erró, a mi juicio, en su iniciativa sobre el “Frente Patriótico”. Propuesta que racionalizó políticamente y que pensó desencadenaría un rumbo distinto y mejor para el país. Creo que se equivocó en ello, aun si para la calificación de las acciones políticas  sólo se tuvieran que tomar en cuenta los resultados.

Pero sus virtudes y logros sobrepasan en mucho  sus desaciertos. Desde su más reciente escenario de trabajo y dirección fue excepcional y enseñó con el ejemplo, resistiendo y rechazando a los que quisieron burlar los intereses de la sociedad.

En Miguel deberán encontrar inspiración los dominicanos y dominicanas del presente  y de las  próximas generaciones, deseosos de construir una patria, una nación más digna y libre, donde se garantice igualdad de oportunidades para todos.

¡Miguel, tu vida servirá de ejemplo imperecedero! Siempre te recordaremos, comandante, amigo, compañero.