Miles celebran fiesta de Corpus Christi

POR FERNANDO QUIROZ
Miles de católicos se congregaron en la explanada este del Faro a Colón ayer para celebrar el día de Corpus Cristi con una misa oficiada por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez.  Asistieron representaciones de las 189 parroquias de la Arquidiócesis de Santo Domingo. A la multitud se agregaron decenas de sacerdotes, religiosas y otros representantes de instituciones y congregaciones.

Previo a la misa hubo una procesión. Se inició a las 5:00 de la tarde y se prolongó por una hora y 45 minutos.

Hombres, mujeres y niños alzando banderines y desafiando un picante sol, aplaudieron, oraron y cantaron a Dios. Muchos llevaron sombrillas o colocaron paños en las cabezas para contrarrestar el calor de los rayos solares.

Varias personas, incluidos religiosos, sufrieron desmayos por lo debieron ser atendidos por personal de socorro de la Cruz Roja.

“Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo…”, cantaba a coro la concurrencia.

Para el altar fue habilitada una amplia carpa, con alfombras, grandes cirios y la cruz al lado de una mesa, todo rodeado por los religiosos vestidos de blanco.

La ceremonia  fue transmitida en vivo por las emisoras de radio Juventud, ABC y Vida 105.3 FM. Igualmente, televisada por el estatal canal 4 y por Televida 41, de la Iglesia Católica.

BENDICION

Al final de la homilía, a las 6:45 de la tarde, el arzobispo de Santo Domingo impartió bendición, especialmente a mensajeros que harán labores junto a los sacerdotes.

“Que el Espíritu Santo derrame en este día abundantes gracias y bendiciones sobre todos ustedes”, pidió para los miles de feligreses presentes, al igual que para aquellos seguían la celebración por las transmisiones radiales y televisadas.

PLAN PASTORAL

El arzobispo de Santo Domingo, quien estuvo acompañado del auxiliar monseñor Rafael Cedano, recordó que está en marcha el III Plan Pastoral.

Comenzarán en junio próximo el itinerario de evangelización, centrado este año en el concepto de la “autoaceptación”, con el objetivo de que cada persona conozca y acepte su identidad, sus raíces, su nacionalidad, educación, fe, pertenencia a una familia y un lugar de nacimiento.

Asimismo, dijo que el viernes próximo celebrarán la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, devoción muy definida y arraigada en el corazón del pueblo dominicano.

CORPUS ChRISTI

Con relación a la celebración del Corpus Cristi, dijo López Rodríguez, todo comenzó en la noche en que Jesús iba a ser entregado, la Ultima Cena, la cena pascual en la que él entregó pan y el vino como su propio cuerpo y sangre a los apóstoles.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él”, son palabras de Jesús.

El cardenal López Rodríguez señaló que quizás la más admirable síntesis doctrinal la logró el genio de Santo Tomás de Aquino, precisamente en el siglo XIII cuando surgió el movimiento de exaltación de la Eucaristía, y comenzó a celebrarse el Corpus Cristi.

Dios quería dar a entender, agregó, que una fiesta nueva debería celebrarse cada año para honrar solemne y distintamente la institución de la Eucaristía; porque la memoria histórica de la Cena del Señor en el Jueves Santo, no respondía a necesidades nuevas de los pueblos inquietados por la herejía y no bastaba tampoco a la Iglesia, ocupada entonces por las importantes funciones de ese día y absorbida por las tristezas del Viernes Santo.

En ese contexto histórico surgió el genio de Santo Tomás de Aquino que compuso la antífona: “¡Oh! sagrado banquete, en el que se percibe al mismo Cristo, se renueva la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de gloria futura”.

MUNDO SIN DIOS

El mundo, entiende el cardenal López Rodríguez, progresa aparentemente mucho, aunque se aleje cada día más de Dios.

“Un mundo que trata de crear sobre esta tierra un nuevo paraíso, fruto de la ciencia y del trabajo, pero un paraíso del que la gran mayoría de la gente parece estar excluida”, añadió.

Estimó que la imagen lacerante de este mundo, que ha comenzado el nuevo milenio con el espectro del terrorismo, de la tragedia de la guerra, interpela cada vez más a los cristianos a vivir la eucaristía como una gran escuela de paz.