Miles de fieles reproducen el calvario de Cristo en Tierra Santa

Via

Jerusalén. Palestinos cristianos y cientos de fieles de todo el mundo rememoraron hoy en Jerusalén el calvario de Cristo y recrearon sus pasos por el camino que le llevó a su crucifixión.   Miles de personas se aglomeraron a media mañana en la escuela Omarije, punto de salida del viacrucis, donde se dejaron ver representantes de decenas de nacionalidades entrelazados por la fe cristiana, unidos con rezos y cánticos que querían mitigar el sufrimiento de Jesús.

La solemne procesión recorrió la calle de la Vía Dolorosa y otras callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén deteniéndose en las diferentes estaciones para meditar los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz, de acuerdo con la tradición cristiana.

Uno de los momentos que más hablaron de la identidad de la ciudad tres veces santa tuvo lugar tras la quinta estación -el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz-, ya que mientras los fieles cristianos oraban, los musulmanes y los judíos que se dirigían por el zoco a rezar a la mezquita y frente al Muro de las Lamentaciones eran retenidos por la policía que velaba por la seguridad de la ceremonia.   “Es la primera vez que vengo a Jerusalén y es una experiencia extraordinaria, podía haberlo imaginado pero no es lo mismo que cuando vienes aquí, al lugar donde Cristo caminó por Vía Dolorosa, sobre sus pasos”, dijo a Efe Myriam Doquin, una peregrina procedente de Guadalupe, un archipiélago de las Antillas.

Un grupo de “scouts” escoltaron a fieles palestinos que portaban con fervor una cruz de madera de grandes dimensiones y recorrieron cuesta arriba los numerosos callejones del zoco, para detenerse esta vez en la sexta estación, donde Verónica tendió un paño a Jesús para secar su sudor y sangre.   Los más privilegiados se aferraban a la cruz de madera y entonaban emocionados el mensaje de Dios hasta llegar, junto con el resto de feligreses, al Santo Sepulcro, el lugar donde las escrituras marcan la crucifixión, entierro y resurrección de Jesús.

A primera hora de la tarde los peregrinos llegaban al santo lugar tras luchar con el calor, los empujones y la estrechez del camino para, muchos de ellos, postrarse sobre la Piedra de la Unción, el lecho de mármol rosado donde fue amortajado Jesús.   Decenas acariciaban la piedra con pañuelos, joyas y trapos y se emocionaban entre lágrimas y sonrisas por haber tenido la oportunidad de participar del viacrucis que Cristo vivió.