Mis Buenos Días
Que todo el mundo hable

POR RAFAEL MOLINA MORILLO
Cada uno de nosotros es de tres maneras. Yo, por ejemplo, soy como me creo ser, pero también soy como los demás creen que soy, y por último soy como realmente soy. Lo mismo pasa con los países, y con los gobiernos. Son como creen ser, como el resto los percibe, y como real y objetivamente son.

Por eso yo no entiendo por qué tanta alharaca por las opiniones externadas por el embajador Hans Hertell sobre asuntos dominicanos, como si el hecho de que un diplomático diga lo que piensa fuera a cambiar la realidad.

Mi formación como periodista que aboga por la libre expresión de las ideas y opiniones sin cortapisas, no me permite establecer límites a lo que cada cual –diplomático o no- quiera decir. Mientras más conozcamos lo que los demás piensan de nosotros, mejores oportunidades tendremos de corregir nuestros posibles defectos. ¿O queremos ponernos una venda en los ojos para no ver la realidad, o tapones en los oídos para no oir las críticas?

La misma acusación de “intromisión” se le había hecho ya a las embajadoras de España y de Francia, al representante de la Unión Europea y a otros funcionarios de la embajada americana, y en cada uno de esos casos hemos querido hacer como el avestruz que esconde la cabeza en la arena para no ver venir la tempestad.

El mejor amigo es aquel que nos dice francamente cuando llevamos puesta una corbata fea, y no el que nos la elogia en voz alta mientras piensa para sus adentros que tenemos mal gusto. ¡Que hable, pues, todo el mundo, aunque la verdad duela!

(r.molina@verizon.net.do)