Mis buenos días

Ya empezaba a preocuparme, porque la mayoría de los comentarios que he vertido durante los últimos días en esta columna se caracterizaron por conllevar agrias consideraciones en torno al Gobierno, y mucha gente comenzó a señalarme como un sistemático crítico de Hipólito y su equipo. Me preocupaba porque nada está más lejos de la verdad. No me anima el menor interés por criticar ni por aplaudir a nadie, y menos a políticos. Si hacen mal las cosas, los censuro; y si las hacen bien, los encomio. Lo que sucede es, sencillamente, que la mayoría de las veces lo hacen mal, tanto el Gobierno como los demás políticos.

Pero, como decía al principio, al fin encontré un tema positivo para que no se diga que sólo sé criticar. Y como al César hay que reconocerle lo que es del César, no vacilo en expresar mi contento por el decreto 1078-03, mediante el cual el presidente Mejía exonera del pago de impuestos y aranceles los libros y revistas que se importen.

Con esta medida el Gobierno escuchó y atendió el clamor público que, con muy buenas razones, había pedido quitar esa pesada carga al desarrollo de la cultura y la educación del pueblo dominicano. Hay que ponderar que con la eliminación de los impuestos a los libros y revistas que se traen del extranjero, éstos bajarán de precio entre un 20 y un 25 por ciento, de acuerdo con los cálculos dados a conocer por expertos en la materia.

Vaya, pues, sin regateos, este reconocimiento a las autoridades. Ojalá que, como lo han sido con los libros, los funcionarios gubernamentales se muestren con igual sensibilidad frente a los reclamos populares para que la vida se nos haga más fácil a todos.

Enhorabuena y ¡a leer se ha dicho!