MIS BUENOS DIAS
Velázquez Mainardi

RAFAEL MOLINA MORILLO
Usted podía estar de acuerdo con él o no estarlo, pero en cualquiera de ambas situaciones había que reconocerle coherencia en su conducta y honradez consigo mismo en sus convicciones. Me refiero a Miguel Angel Velázquez Mainardi, quien ayer exhaló su último suspiro.

Lo conocí cuando a finales del 1961 regresó del exilio al que lo había empujado Trujillo. Para esos días estaba yo empeñado en hacer arrancar la revista “¡Ahora!”, en cuyos primeros números fueron a aparecer, como por ley de gravedad, algunos de los escritos políticos del recién llegado periodista. Volvió al exilio a raíz del golpe de estado que derrocó a Juan Bosch en 1963, pero nuestra relación profesional y de amistad no se interrumpió en ningún momento. Hasta ayer, cuando emprendió el viaje final.

Podrían escribirse muchas páginas sobre su vida tan rica en experiencias aleccionadoras, pero bastaría decir, para rendirle un homenaje póstumo acorde con su sencillez y humildad, que fue un amigo leal y un adversario digno. En ambos casos, merecedor del mayor respeto, como el que aquí le tributo.

Miguel Angel Velázquez Mainardi, hasta siempre!

r.molina@verizon.net.do