MIS BUENOS DÍAS
Ex presidentes corruptos

RAFAEL MOLINA MORILLO
Mientras son presidentes, son excelentísimos señores, honorables y distinguidos. Cuando dejan la función pública, si no hicieron sus chanchullos bien hechos, caen en la ominosa categoría de ex presidentes corruptos.

Por eso, los presidentes de estos tiempos tienen que andarse con mucho cuidado. No para articular bien sus trampas, sino para no incurrir en ellas. Porque más tarde o más temprano todo se va a descubrir.

Nunca como ahora cabe aplicar el viejo refrán que reza “Cuando veas arder la barba de tu vecino, pon la tuya en remojo”. Ello así, por el ejemplo que estamos viendo en Centroamérica, con un ex presidente Rodríguez de Costa Rica que salta de la codiciada posición de Secretario General de la Organización de Estados Americanos para salir retratado al otro día en todos los periódicos del continente bajando esposado las escalerillas del avión; otro ex presidente Calderón del mismo país, acusado también de prevaricación; un ex presidente Alemán y un ex presidente Bolaños, ambos de Nicaragua, con asuntos pendientes en la justicia; un ex presidente Portillo, de Guatemala, refugiado en el extranjero para evadir a sus jueces naturales; una ex presidenta Mireya Moscoso, de Panamá, con pobres excusas para justificar el sospechoso manejo de millones de dólares donados por una potencia extranjera; y un ex presidente José Figueres hijo sin más remedio que admitir haber aceptado un pago fabuloso para un trabajo insulso relacionado con una desacreditada empresa telefónica en su pais Costa Rica.

Están de moda, pues, los escándalos presidenciales.  Y eso está bien. Porque muchos parecen ignorar que aquellos que resultan elegidos por los pueblos para manejar los intereses de esa empresa llamada Estado, que nos pertenece a todos, no van al solio presidencial para enriquecerse, sino para servir de la mejor manera posible a sus conciudadanos. Y al que se equivoque en ese punto ¡hay que partirle la siquitrilla!

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