MIS BUENOS DIASLas
“pelas” de padres a hijos

RAFAEL MOLINA MORILLO
Hasta ahora se había aceptado como un axioma que todo padre o madre tiene derecho a darle una pela a un hijo, como castigo y correctivo por alguna falta cometida. Pero ya no.

Las nalgadas o pescozones que estaba permitido propinarles a los muchachos malcriados, han cedido su lugar en los tiempos modernos al libro de sicología infantil que toda cabeza de familia debe leer o al costoso campamento de verano donde transcurre buena parte de las vacaciones escolares. La correa de cuero y la regla de madera con que se infligían efectivos castigos a los hijos desobedientes o muy traviesos, han dado paso también a métodos más modernos que no implican pellizcos ni otros tipos de violencia, sino que por el contrario se fundamentan en el irrestricto respeto a los derechos de los niños o adolescentes, sin importar que se trate de delincuentes o no. En otras palabras, estamos viviendo en el ocaso de las “pelas”.

Sobre las “pelas”, precisamente, el relativamente nuevo Código del Menor (Ley 136-03) dice lo siguiente en su artículo 396: “Cualquier daño físico que reciba el niño, niña o adolescente, de forma no accidental y en que la persona que le ocasione esta lesión se encuentre en condiciones de superioridad o poder? será castigado con penas de dos a cinco años de prisión y multa de tres a diez salarios mínimos”.

Más adelante reza: “Si el abuso es cometido por el padre, la madre u otros familiares, tutores o guardianes? serán sancionados con privación de libertad de dos a cinco años y multa de uno a cinco salarios mínimos”.

En otras palabras, si un padre le pega a su hijo para corregirlo, lo que le espera es la cárcel. Pero, eso sí: la ley establece que mientras el papá esté preso, el hijo recibirá atenciones sicoterapéuticas y asistencia social? de parte de organismos oficiales que todavía no existen.

Esta es solo una de las varias utopías que contiene el flamante Código del Menor. Vale la pena que se le someta a revisión, para adecuarlo un poco más a nuestra realidad.
r.molina@verizon.net.do