MIS BUENOS DIAS
Que se revise esa ley

RAFAEL MOLINA MORILLO
Cuando se mete la pata y se saca a tiempo, se queda bien. Todos somos pasibles de introducir el delicado pie alguna vez en la vida. Pero si rectificamos a tiempo, podemos seguir siendo tan honorables como antes.

El Congreso Nacional dictó la llamada Ley de Primarias con la mejor intención de poner fin a las candidaturas políticas señaladas e impuestas por el dedo irrebatible de los líderes de cada partido. Pero la buena intención ha sido prontamente apabullada por una serie de defectos que le han sido atribuidos a la citada ley.

De aplicarse la Ley de Primarias, la Junta Central Electoral sería empujada a un matadero, ha dicho uno de sus jueces, mientras seis magistrados de un grupo de nueve están de acuerdo en la necesidad de introducirle importantes reformas antes de ponerla en ejecución.

Pero tampoco le faltan defensores a la Ley de Primarias, y muchos sostienen simplemente que la ley es la ley y no hay más que acatarla.

Tratándose de algo tan trascendental, me parece prudente que, en vez de discutir cada uno por su lado, los dos sectores se unan frente a una mesa de diálogo y elaboren un proyecto de reforma para que el Congreso lo tome en consideración. Nada se perdería con ello y es mucho lo que podríamos ganar.

A ver cuál entidad cívica o cuál universidad toma la delantera para convocar con altura y dignidad a esa gran discusión que tantos sinsabores y dolores de cabeza podrían ahorrarnos.

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