“Mítica Comala”
Juan Rulfo, cincuenta años después

http://hoy.com.do/image/article/51/460x390/0/AA51CD9B-AC2B-4A6D-A9B5-83742819CFAC.jpeg

POR GRACIELA AZCÁRATE
La novela “Pedro Páramo” cumplió medio siglo de vida. La novela se editó por primera vez, el 19 de marzo de 1955 y es la obra cumbre de la literatura latinoamericana.Para Juan Carlos Onetti fue Santa María, Macondo fue el territorio de ficción de Gabriel García Márquez, así como el condado de Yoknapatawpha fue el transfondo mítico de la obra de William Faulkner.

Todos lugares emblemáticos de la literatura, al que debe sumarse Comala.

La “Mítica Comala” es el pueblo que refiere Juan Rulfo (1917-1986) en “Pedro Páramo y que existía desde antes, aunque sin parecerse a la que sirvió de escenario a la novela.

En 1985, un año antes de su muerte y treinta años después de la aparición de su novela, Rulfo escribió un texto a pedido de la agencia EFE en el que explicó cómo nacieron sus dos grandes obras: “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”.

“Mis amigos de la agencia EFE me recuerdan que «Pedro Páramo» cumplió 30 años este mes de marzo. «Pedro Páramo» y «El llano en llamas» han caminado por el mundo no gracias a mí, sino a los lectores, con quienes ahora deseo compartir mi experiencia”

(…) “Nunca me imaginé el destino de esos libros. Los hice para que los leyeran dos o tres amigos, o más bien por necesidad (…) En mayo de 1954 compré un cuaderno escolar y apunté el primer capítulo de una novela que durante muchos años había ido tomando forma en mi cabeza. Sentí por fin haber encontrado el tono y la atmósfera tan buscada para el libro que pensé tanto tiempo. Ignoro todavía de dónde salieron las intuiciones a las que debo «Pedro Páramo». Fue como si alguien me lo dictara. De pronto, a media calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules (…) No tengo nada que reprocharles a mis críticos. Era difícil aceptar una novela que se presentaba con apariencia realista, como la historia de un cacique, y en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos (…)”, dijo en una entrevista el escritor mexicano.

Tres pueblos mexicanos en el estado de Jalisco se disputan ser la cuna del escritor Juan Rulfo y cada uno recordó a su manera al autor de “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”.

Se trata de Sayula, San Gabriel y Apulco que se disputan la identidad de esa Comala mítica.

Comala es el nombre mágico de un pueblo habitado por muertos en el mapa de la literatura, pero es auténtico y lleno de vida en la geografía del México actual.

Juan Rulfo eligió ese nombre para usarlo en la novela “Pedro Páramo” y para escenificar un ambiente donde puso a hablar a los muertos.

Juan Preciado, el personaje central de la novela dice en el inicio: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.

La verdadera Comala, está a 680 kilómetros al noroeste de la Ciudad de México, es una población de casas de adobe, rodeada de huertos frutales y cafetaleros, que está en el estado de Colima, cerca de las playas del Pacífico.

Dos volcanes la protejen: el Nevado de Colima, inactivo, y el Volcán de Fuego, de 3.960 metros con fumarolas continuas, que figura entre los diez más activos del mundo.

Rulfo, viajó mucho por México como vendedor de la compañía de neumáticos Goodrich-Euzkadi. Conocía bien esta región, no sólo porque nació y se crió del otro lado de los volcanes y sino porque además su padrino fue párroco de la iglesia de Comala, San Miguel Arcángel.

Juan Preciado llega a una Comala que es sinónimo de muerte, devastación y desesperanza.

En la ficción, la madre de Juan Preciado evocaba desde la nostalgia una ciudad diferente cuando dice: “Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche”.

Le pusieron de apodo Pueblo Blanco de América, porque: “Hace muchos años, para las fiestas de la Virgen de Guadalupe, se pedía al pueblo que estuviera muy limpio y que se pintaran las fachadas. Si no se hacía, el ayuntamiento las acicalaba con cal y multaba a los propietarios” relata la presidenta de la asociación Cultural Comalli.

En un cuaderno de escuela, entre papelitos azules y verdes, los muertos de un “pueblo blanco” le dictaron a Juan Rulfo una obra de arte. A él, un triste y reservado hombre que en tan solo dos libros y seis mil negativos de fotos esculpió de manera exquisita el alma del pueblo mejicano.