Mitos y realidades de los solteros

En épocas históricas, permanecer soltero/a era, a menudo, la secuela de desastres o guerras, y se consideraba como signo de una posible anomalía o inmadurez.

Se opinaba que a esas personas les interesaba casarse pero no hallaban con quién salir, o tal vez eran demasiado inmaduros para dejar a sus padres; sin embargo, hoy día estos estereotipos banales no representan la totalidad de los estilos de vida de los solteros.

Dependiendo de la educación obtenida y el entorno cultural, este estado de “soltero/a” puede durar toda la vida, o tener una duración muy corta, decidiendo unir su vida a otra persona en la pubertad o en la etapa adulta.

La soltería como estilo de vida puede ser resultado de una decisión cuidadosamente sopesada entre libertad y restricción, autosuficiencia e interdependencia.

Muchos estudios han reflejado una preocupación de la sociedad por la tendencia hacia menos matrimonios y más divorcios. ¿Se ha vuelto acaso una sociedad demasiada fascinada con la libertad y la autonomía a expensas de las obligaciones interpersonales?

Muchos solteros escogen esa vida como forma de disfrutar de relaciones íntimas cuando tienen éxito y evitar los problemas de los malos matrimonios. No quieren verse atrapados por una pareja que se interpone en el camino del desarrollo personal. Después de ver la rutina de los matrimonios de sus amigos, piensan que la soltería es la mejor elección.

La soledad da tanto miedo que muchas personas prefieren continuar una vida de pareja insatisfactoria antes que separarse. Sin embargo y de un punto de vista puramente social, ser soltero/a, o divorciado/a; no está ni bien ni mal, es simplemente una situación de vida.

Vivir en pareja no es tampoco una garantía de felicidad ni de vida pacífica ni exceptuado de stress debido a celos y otras situaciones traumatizantes. De la misma manera vivir solo o sola, es decir sin pareja, no es una condición terrible. Lo que realmente está en juego es cómo se vive la soledad.

Porque conviene recordar que también hay soledad de la mala en compañía y que muchas personas casadas se sienten dramáticamente solas. Por esta razón, se haya elegido o no vivir en estado soltero, lo importante es el cultivo de actitudes para vivir la soledad como una oportunidad de desarrollo personal. Las personas que viven solas tienen la ventaja de experimentar menos controles sobre su conducta, pero también tienen menos oportunidades de contrastarla para que evolucione favorablemente. Por eso necesitan tener bien despiertas sus actitudes vitales, para que la soledad en la que viven no se convierta en foco de sinsabores.