Modelo del paquete completo

PEDRO GIL ITURBIDES
Empresarios mexicanos y de los países al sur en esa franja continental, que están atados a los procedimientos de “paquete completo”, sienten preocupación por sus negocios de zona franca. Para ellos -acogidos sin reservas al acuerdo de fronteras comerciales abiertas- el futuro inmediato es desolador. Contra ellos conspira el para nosotros polémico Tratado de Libre Comercio (TLC), instrumento multilateral a cuya existencia nos aferramos en República Dominicana como náufragos a una tabla.

Tan pronto concluya al último día de diciembre el vigente Acuerdo Multifibras, se sufrirán los efectos del vencimiento de este convenio. Y es que, la anulación del sistema de cuotas permitirá que los productores asiáticos penetren el mercado estadounidense sin obstáculos técnicos ni trabas arancelarias. Y, conforme estudios de esos empresarios de zona franca en toda esa franja continental, los asiáticos producen más barato que todos nosotros.

Hace un tiempo un economista mexicano expresó que estamos sujetos a lo que llamó una relación comercial perversa. Conforme lo expresó Enrique Dussel, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ocurrirá que los textiles asiáticos se diseminarán por todos nuestros territorios, gracias al TLC.

Dussel deriva la “perversidad” de las esperadas relaciones comerciales dentro del TLC, del “modelo de paquete completo”. Conforme este “modelo”, nuestras zonas francas son importadoras de bienes intermedios y ensambladoras de éstos para volverlos bienes finales. Importamos tejidos cuyo procesamiento inicial se produce en Estados Unidos de Norteamérica con los elevados costos de una economía más desarrollada. Al perimir el Acuerdo Multifibras, al territorio estadounidense llegarán desde el Asia productos textiles con un valor de mercado inferior al 50% de su precio en nuestros países.

El resultado será que los mismos, por la tendencia natural del mercado de consumo, seguirán camino hacia otros mercados, con fronteras comerciales abiertas por el TLC. Y por supuesto, ¿cuáles serán esos mercados consumidores? Los de nuestros países, suscriptores del TLC. Un ex ministro de Industria y Comercio de Honduras, Norman García, concretó en breves palabras la solución al problema: una concesión de los estadounidenses tan amplia y abierta, que permita la subsistencia de las empresas de zonas francas por encima de la competencia asiática.

Pero, ¿al permitir que venza el Acuerdo Multifibras no se está evitando este tipo de privilegio comercial como el que se juzga necesario en esta circunstancia? Es, a la vista de la imposibilidad de lograr facilidades como las sugeridas por García, que Dussel señala que, a final de cuentas, para las empresas de zonas francas, tal vez un TLC no sea tan conveniente. Sobre todo, plantea Dussel, para las empresas de zona franca atadas al “modelo de paquete completo”.

A los dominicanos, sin embargo, les resulta harto imposible modificar ese modelo, como hemos dicho. Porque carecemos de las estructuras productivas para embarcarnos en el modelo de integración vertical, única alternativa previsible.

Frente a lo dicho quizá convenga mirar al modelo de Acuerdo de Asociación Económica logrado por los mexicanos con el gobierno japonés. Es verdad que les costó dos años de discusiones. Cuando lo firmaron el Presidente mexicano Vicente Fox y el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi en septiembre pasado, los mexicanos habían conseguido lo impensable. El 95% de su producción podrá ingresar a Japón libre de cargas arancelarias y sólo el 40% de la producción japonesa penetrará de igual modo al mercado azteca.

Con el correr del tiempo, mercancías mexicanas que aún hallarán trabas, se acogerán a una gradual superación de las mismas. Tal, el caso de las uvas de mesa, para las que los japoneses mantendrán todavía altos aranceles. Pero estos irán reduciéndose hasta llegar a un 17% desde el 2007. El producto mexicano que, sin embargo, representa más significativamente las ventajas de este tratado, lo es el tequila. Con cargas de un 15.24% en la actualidad, entrará a Japón libre de impuestos desde que los dos congresos aprueben el convenio.

Del mismo se beneficiarán las dos partes. Pero no caben dudas de que los mexicanos comerán del mismo, con la cuchara grande. Copiémoslos, pues ellos duraron dos años cediendo y halando, hasta lograr lo imposible.