Molina Morillo y su amplio relato sobre la historia del periodismo en RD

Con su libro “Mis recuerdos imborrables”, puesto en circulación recientemente, el doctor Rafael Molina Morillo ha hecho un importante aporte a la historia del periodismo y de la prensa en la República Dominicana,  de la que ha sido protagonista y testigo de primera mano.

Este testimonio es particularmente valioso para las nuevas generaciones de periodistas, en vista de que les permitirá conocer detalles precisos y muy relevantes de la forma en que se ha desarrollado la labor periodística, con sus limitaciones y también con sus logros desde la dictadura trujillista.

Además, contribuye a refrescar la memoria a los periodistas que por su edad y trayectoria conocen o vivieron algunos de esos episodios, pero que quizás no le asignaron en su momento el debido rango o trascendencia.

Aunque por proverbial modestia, el veterano periodista se resiste a llamarle memorias a su libro, una detenida lectura de la obra permite advertir que en realidad tiene mucho de esa condición por la riqueza testimonial y narrativa de situaciones y anécdotas de contenido autobiográfico.

Desde hace tiempo, Molina Morillo tiene un bien ganado sitial en la historia del periodismo contemporáneo por haber realizado, desde la revista Ahora y del vespertino El Nacional,  una importante contribución a la lucha en pro de la democracia y de las libertades públicas y en contra de injusticias, abusos y violaciones a los derechos ciudadanos.

Su reconocimiento en ese vital aspecto trascendió las fronteras nacionales por su infatigable combate en contra de la censura y de los enemigos de la libertad de expresión y difusión del pensamiento desde la tribuna de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de la cual llegó a ser su presidente, gozando en su seno de prestigio, aprecio y admiración.

Para quienes han tenido el gratificante privilegio de conocer a su familia, un capítulo particular emotivo es el dedicado a Francia, su inteligente, querida y solidaria compañera de toda una vida, de la cual se enamoró en su natal La Vega, cuando ella era una chiquilla de 14 años y él un jovencito de 22 años.

En el prólogo, Santiago Estrella Veloz, Premio Nacional de Periodismo 2012, dice que Molina Morillo. “hombre  prudente, sencillo, de honestidad  y amigo de los verdaderos amigos, es tan  modesto que en su libro no menciona la angustia sufrida por su esposa Francia y sus cuatro hijos, producto de las constantes amenazas de muerte recibidas” durante su dilatada carrera periodística.

En la presentación, el periodista y escritor Miguel Guerrero expresa: “La lectura de este texto, pletórico de sentimientos, me dijo de inmediato que esta especie de memorias que se pone a disposición del público, no es el epílogo de una de las más prolongadas y exitosas carreras en el campo de la actividad periodística. Se trata de otra etapa fructífera en su inagotable batallar, en las que ha visto pasar y sufrir grandes momentos de nuestra historia contemporánea”.

Tal como certeramente afirma Guerrero, “la vida del autor, como él ha querido contarla, es un enorme baúl de afectos y compromisos”, y “al conocerla, mientras se pasa de una página a otra, nos coloca ante