Mortalidad materna (2)

Eusebio Rivera Almodóvar

La Organización Mundial de la Salud (OMS) diagnostica con precisión y honestidad lo que pasa con la mortalidad materna en el mundo, afirmando categóricamente que su tasa es directamente proporcional a los niveles de pobreza de las naciones, concluyendo con sugerencias, no mandatos, para resolverla y proponiendo estrategias, programas, convenios, etcétera, que muy pocos gobiernos pueden cumplir porque la mayoría está incluida en la franja de pobreza que envuelve, según sus propios estudios, el 99% de la mortalidad materna.
El subdesarrollo económico casi siempre se acompaña de la ignorancia que muchas veces es compartida o maliciosamente promovida por los gobernantes, por eso la aberrante práctica de construir o remodelar centros hospitalarios es una maniobra que solo beneficia a los ingenieros, contratistas y suplidores de equipos e insumos para esas estructuras, al estilo del modelo balagueriano que respondiendo a brotes de complicaciones mortales en algunas comunidades por enfermedades prevenibles con inmunización, ordenaba la construcción de clínicas rurales u hospitales locales sin valorar que con vacunas que valen centavos se evitaba o resolvía el problema.
Las tres causas principales de muertes maternas son evitables con educación, nutrición adecuada, control prenatal metódico y condiciones medioambientales que favorezcan el apoyo familiar efectivo. Más del 90% de los fallecimientos de embarazadas o paridas (incluyendo una tercera parte representada por pacientes haitianas) se produce en grandes hospitales, sencillamente porque llegan con los daños previos provocados por su miseria y la conquista representada porque los pobres tienen a dónde ir para ser atendidos, se refleja poco en la disminución de los índices de morbilidad y mortalidad porque los hospitales no curan la pobreza.