Más sobre tsunami y Memphis

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FERNANDO BATLLE PÉREZ
En su obra fundamental sobre el tema “The Wreck of the Memphis” (Eds. 1966-1996), Edward L. Beach (1918-2002), hijo del comandante del buque, condecorado capitán del arma submarina y excelente novelista, postula que lo ocurrido al Memphis fue el resultado de la imbricación témporo-espacial de dos oleajes de procedencia distinta, uno, un típico mar de leva, causado por una perturbación tropical (un “near hurricane”) y otro, un tsunami, provocado por un masivo deslizamiento submarino en una de las profundidades caribeñas ocurrido cerca del medio día del 29 de agosto de 1916.

En realidad, la perturbación tropical fue todo un huracán de categoría 2 cuyo centro (ojo) cruzó con dirección Oeste-noroeste a unos 300 kms. de distancia al Sur de Santo Domingo el 29 de agosto de 1916. Con toda lógica, impulsó el mar de leva sostenido (duradero) cuyas olas rítmicamente periódicas, de acuerdo con datos estimados y la física de estas ondas, pudieron haber alcanzado los 11 metros de elevación (amplitud) cuando rompieron junto al indefenso Memphis fondeado en esas circunstancias en una especie de “paraíso para surfistas” (Luis Jar Torre. “Viene una Ola”, Revista General de Marina, Ago-Sept. 2006).

Pero la impresión de los que estaban en el buque fue otra. Según su opinión, minutos después de las 4:30 pm., hubo olas que sobrepasaron los 20 metros, criterio apoyado por observaciones hechas desde tierra que las describieron como “espantables montañas de agua” una de las cuales “levantó (al Memphis) en su cresta…como si fuera un juguete del destino” (Listín Diario, 30 de agosto 1916), ola a la que testigos le atribuyeron 30 metros (¡!) y a la que el Ing. Juan U. García Bonnelly le estimó una potencia dinámica estimada de 35,000 Kg/m2. (“Las Obras Públicas en la Era de Trujillo”, 1955).

Aunque éstas son impresiones, hubo una evidencia contundente. Sólo una fuerza descomunal podía hacer que el buque de 16,000 toneladas y calado de 27 pies terminara encaramado, levantado, en un arrecife de apenas 12 de profundidad junto a la costa. Quedó allí tan bien empotrado que aún convertido en un “cascaron” vacío, no lo movieron un ápice los vientos y las marejadas de poderosos huracanes que por más de 20 años embistieron el lugar.

Claro, una ola de o cercana a los 30 metros es inadmisible. Su origen no hubiera pasado desaparecido, al Memphis probablemente lo hubiera aterrizado en seco y la destrucción y mortandad hubieran sido inimaginables; había miles de angustiados espectadores (15,000 según el receptor aduanal Baxter) en el malecón Pte. Billini, por los lados del Matadero Municipal y en los roquedales contiguos. Nada así ocurrió. Pero no hay dudas de que fueron olas grandes, muy grandes, algo que de admitirse nos llevaría de vuelta a la propuesta de Beach hijo, ahora con el apoyo de los siguientes datos y observaciones.

1ro. Que el piso de la fosa abisal Trinchera de los Muertos, situado a 5,500 metros de profundidad (¡5 1/2 kms!) se encuentra a apenas unos 130 kms. al Sur de Santo Domingo. Desde nuestra breve plataforma insular el suelo marino, irregular, abrupto, con grandes e inclinados taludes, desciende pronunciadamente hasta el citado piso, topografía que es ideal para deslizamientos (derrumbes), asunto que es de mayor significación si se considera que perfiles sísmicos realizados en ese talud sugieren su posible inestabilidad.

2do. Que la gran falla que subyace y origina a trinchera, y que se introduce en los basamentos de nuestra isla por la región de Azua-Barahona, es una formación geológica tectónicamente activa. Se le atribuye, entre otros, el poderoso terremoto del 18 de octubre de 1751 que produjo graves daños en El Seybo y Santo Domingo, y que barrió del mapa al antiguo pueblo de Azua de Compostela con un raz-de-marée (tsunami).

3ro. Que merecen crédito las observaciones de O’Loughlin y de Lander (“Caribbean Tsunamis A 500-Year History from 1498-1998”) sobre la estrecha relación entre huracanes caribeños y sismos y tsunamis que se producen en sus rutas, apoyadas en una apreciable data histórica y en una investigación de 10 años (1982-1992) con el huracán Klaus de modelo. Se postula que los cambios de presión de estos meteoros y las grandes masas de agua que movilizan operando sobre zonas críticamente inestables, facilitarían la producción de estos fenómenos submarinos.

¿Podría “encajar” en esta propuesta lo del Memphis? Sin lugar a dudas el huracán fue la causa del poderoso mar de leva que lo castigó de continuo, dañándolo y bloqueándole las posibilidades de elevar presión en sus calderas, pero es posible que la “estocada mortal” se la haya dado una ola de singular tamaño y masa líquida. Si ésta burló la física de las olas, tuvo una procedencia distinta o fue parte “normal” del mar de leva, no lo sabemos. Nada puede ser probado o descartado fácilmente, pero lo del Memphis es aleccionador en cuanto a las potencias ocultas, dormidas, que subyacen en nuestro mar Caribe. ¿Quién quiere construir ahí?…