Muerte súbita en adultos

POR SERGIO SARITA VALDEZ
Nada se compara con el dolor y la tristeza generados por la pérdida de un ser querido. Más grave aún resulta aquella pena si la misma ha sido el resultado de un fallecimiento súbito e inesperado en un adulto que se suponía estaba gozando de un aparente buen estado de salud.

El sorprendente desplome al suelo de una persona en momentos en que se divertía, practicaba algún tipo de ejercicio físico, deporte, erotismo estresante, cena abundante, o simplemente llevaba a cabo su labor de trabajo habitual genera en los espectadores una angustiosa alarma acompañada de una honda sensación de pesar. La primera reacción es de auxilio al tiempo que los que asisten al infortunado se cuestionan sobre lo que pudo haber sucedido.

No dejan de tejerse todo tipo de especulaciones acerca de las circunstancias o factores que pudieron contribuir al deceso de la víctima. Dependiendo del nivel educativo y la formación cultural de quienes asistieron al recién fallecido vamos a tener opiniones e interpretaciones diversas acerca de la causa y mecanismos responsables del fallecimiento. Las especulaciones recorrerán un amplio rango desde unos que aseguran se trató de una fatal maldición o envenenamiento homicida a otros que simplemente achacan el evento trágico a un ataque cardíaco.

Casos de esta naturaleza pasan por las manos de un médico legista o forense, quien con frecuencia se decide por recomendar la realización de una autopsia. En los países en donde las necropsias se hacen de manera sistemática en todos los casos de muerte repentina se observa que cerca del 60% del total de los experticios corresponden a este tipo de muerte natural. En la República Dominicana aproximadamente entre un 40 y un 50% de las autopsias hechas por el Instituto Nacional de Patología Forense resultan ser fallecimientos naturales. De éstos una gran mayoría se deben a trastornos cardiovasculares.

De acuerdo a las cifras de Patología Forense la afección mortal más común en el corazón adulto es la arteriosclerosis coronaria, seguida muy de cerca por el engrosamiento de la pared del ventrículo izquierdo. Esta hipertrofia del músculo de una de las cámaras cardíacas es casi siempre consecuencia de una hipertensión arterial que había pasado desapercibida. Nosotros consideramos la alta presión como la asesina silenciosa culpable de una gran morbilidad y mortalidad en nuestro medio. Se cuentan por decenas de miles los pacientes que han sido víctima de un accidente cerebro vascular, también llamado a nivel popular con el nombre de derrame cerebral.

La hipertensión arterial no solamente golpea al corazón y al cerebro sino que también lesiona fuertemente a los riñones, así como a la retina de ambos ojos, teniendo de esa manera un enorme impacto en la calidad de vida de los pacientes hipertensos. La detección temprana de este serio mal permite tomar una serie de medidas tendentes a controlar la presión arterial. Podemos corregir los problemas que acompañan al sedentarismo como son la obesidad, el estrés y la ansiedad. Ello se logra usualmente por medio de ejercicios físicos regulares y una dieta equilibrada que sea baja en grasas animales y en contenido de sal.

En los casos en que la dieta y los ejercicios no sean suficientes para controlar la presión sanguínea entonces es necesario medicar al enfermo. Insistimos en que el problema más grave que confrontamos a nivel general es que no se diagnostican temprano los pacientes que sufren de hipertensión arterial. El descubrimiento precoz del mal acompañado de una terapia efectiva es la clave para mejorar el pronóstico de las personas que sufren de hipertensión arterial. El manejo y monitoreo continuo de estos enfermos evita complicaciones que pueden tornarse de carácter irreversible o permanente para el paciente, mermando por ende su calidad de vida.

Esa sería una forma efectiva de reducir el creciente número de las desagradables muertes súbitas e inesperadas en la población adulta dominicana.