Muguruza se confirma en París, Federer y Djokovic pasan

Garbiñe Muguruza, la hispano-venezolana que incendió Roland Garros, venció a Serena Williams, ha dado la gran sorpresa en el evento

PARíS. AFP. Garbiñe Muguruza, la hispano-venezolana que incendió Roland Garros eliminando a Serena Williams, confirmó su candidatura al título con una nueva victoria ayer, en una jornada en la que el serbio Novak Djokovic y el suizo Roger Federer sufrieron para clasificarse a octavos de final.

La jugadora nacida en Caracas hace 20 años bajó de los cielos para enfrentarse a una tenista de su generación, la eslovaca Anna Schmiedlova (19 años y 56º de la WTA), y derrotarla por 6-2 y 6-4. En una pista 7 llena para conocer a quien había sido capaz de terminar con Serena en 64 minutos, Muguruza continuó con su juego explosivo y pasó a octavos, en los que se enfrentará a la francesa Pauline Parmentier, de 28 años y procedente de la calificación. Cuando le preguntaron si se consideraba capaz de levantar el título dentro de ocho días, Muguruza dio un paso al frente: “Siempre tienes que creer que tienes la posibilidad. Entrenas pensando que tu sueño es ganar un Grand Slam, así que en el fondo, aunque sea fuerte de plantear, sí”.

En octavos la acompañará la española Carla Suárez, que batió con autoridad por un doble 6-2 a la estadounidense Taylor Townsend, de 18 años y 205º mundial, una de las grandes sorpresas del torneo francés.

Con 1,67 metros y cerca de 80 kilos de peso (la guía de la WTA no lo especifica, como sí hace con el resto de jugadoras) Townsend desafía los cánones físicos del tenis, pero poco pudo hacer ante la veteranía de Suárez, que ahora jugará ante la croata Ajla Tomljanovic (72º) que viene de ganar a Agnieszka Radwanska, tercera cabeza de serie.

La caída de la polaca se une a las de Serena, primera favorita, y Li Na, segunda, dejando un cuadro femenino muy abierto. Sí avanza con firmeza la rusa Maria Sharapova, que este viernes fulminó con un doble 6-0 a la argentina de 21 años Paula Ormaechea. “Sinceramente es feo estar dentro de la cancha y nada, ver que no tienes posibilidades.