Museo Arqueológico  de Altos de Chavón

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 UBALDO GUZMÁN MOLINA
El Museo Arqueológico  Regional Altos de Chavón, pequeño tesoro enclavado en La Romana, expone la herencia precolombina de la isla La Española a través de mil piezas aunque tiene un depósito seis mil objetos, los cuales están clasificados.

Inaugurado en 1981 con el respaldo del Bluhdorn Charitable Trust, el lugar, confinado a unos 120 metros cuadrados, muestra  artefactos rituales y utilitarios, colocados en vitrinas de manera cronológica y por estilo.

En un recorrido se puede apreciar la evolución de la cultura de las sociedades indígenas, desde la era pre-cerámica (2610-90 antes de Cristo) hasta la taína (1000-1492 antes de Cristo), que fue  la cultura dominante en La Española cuando llegaron los conquistadores españoles.

Uno de los tesoros que más atrae a los visitantes es un ídolo de la Cohoba, que tiene cerca de 800 años.  Este objeto era usado en la ceremonia espiritual de los caciques para comunicarse con sus dioses a través de la inhalación de un polvo alucinógeno.

Otra de las piezas más llamativas es un ídolo de tres puntas (trigonolito). Se le conoce como la Serpiente Enrollada de Cumayasa. En un extremo forma la cabeza de la serpiente y en el otro unas piernas humanas.

Entre otros objetos emblemáticos del museo  se encuentran el mortero, la jarra igneri, la jarra acorazonada,  la cabeza Macorís y las guizas o máscaras en miniatura hechas de concha. Las obras fueron elaboradas en piedra, concha, barro, hueso y madera de guayacán.

El museo, dirigido por Arlene Álvarez desde hace ocho años, forma parte de la Fundación Cultural Altos de Chavón. La colección precolombina fue reunida durante cuarenta años por el arqueólogo aficionado Samuel Pión, el primero en excavar los remanentes de la cultura igneri en las Antillas Mayores.

Es visitado por unas 160,000 personas al año, en su mayoría turistas extranjeros. Cerca del 20% de los visitantes son estudiantes, sobre todo del Este.  Está abierto de las  9:00 de la mañana a las 9:00 de la noche. La entrada es gratis. Dispone de guías en inglés y español. Se llama regional porque la mayoría de las piezas fueron encontradas por Pión en el Este.

A través de visitas a escuelas y colegios del país, el museo utiliza documentales para promover el interés de asistir al lugar. Ha diseñado un programa de capacitación para profesores, a fin de que puedan transmitir mejor el período precolombino.

“La programación educativa se diseña para dar

un servicio a las visitas escolares, porque estamos tratando de que el museo se convierta en una extensión del aula. Vienen estudiantes de toda parte del país”, sostiene la directora.

El museo tiene un aula de exploración, diseñada para representar los aspectos básicos de la arqueología en el trabajo de campo y el laboratorio a través de actividades explorativas y de entretenimiento.

Los recursos del aula incluyen cajones de colección de materiales, acercamiento para el estudio de los objetos tocables, microscopio, minerales tocables, hojas de actividades y materias de arte.

La programación se ha diseñado para dar apoyo curricular  a la enseñanza de cuatro a sexto curso de la educación básica, porque es cuando se enseña la historia de la isla de Santo Domingo.

El museo no tiene capacidad de expansión y se quitaron más de la mitad de las piezas de las vitrinas, a fin de dejar los objetos más representativos. En el medio  tiene un pequeño jardín, donde se respira una atmósfera de paz.

La exposición comienza con el período pre-agrícola, que son los grupos de cazadores y recolectores. Muchos utensilios estaban hechos de piedra.

Cada vitrina contiene un texto con unas ilustraciones que se refieren a cómo vivían los indígenas y cómo utilizaban las piezas que se muestran.

Boris de los Santos, egresado de la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, hizo una serie de ilustraciones, a fin de que los visitantes pudieran entender rápidamente sobre cómo se utilizaban las piezas, quiénes las utilizaban, para qué y por qué.

Mientras una arqueóloga costarricense ayudó a desarrollar un guión científico en base a las necesidades didácticas que se identificaron. Los textos están en español e inglés. Se desarrolló una hoja de interpretación de las piezas con la colaboración del Instituto  Latinoamericano de Museos.

A un costado del museo hay  una pequeña tienda. Los ingresos recibidos por la venta de  productos exclusivos se usan para patrocinar programas en las escuelas públicas del área. El museo, donde laboran ocho personas, diseña una estrategia de mercadeo más agresiva para que el lugar se conozca más.

Según la directora, Arlene Álvarez,  la política  ha sido no comprar piezas, porque eso podría contribuir al saqueo de los yacimientos arqueológicos.

El hilo conductor de la exposición es la navegación como forma de comunicación y cómo se pobló el continente americano, partiendo de la teoría del estrecho de Bering. Los artefactos relacionados con los cazadores y recolectores son herramientas para el procesamiento de alimentos.

Las esferas llaman la atención de los visitantes. Se desconoce para qué se hacían, pero como fueron encontradas con huesos

humanos se relacionan con un significado funerario.

Posteriormente aparecen hachas y herramientas para elaborar otros objetos. Una  pieza representativa es el hacha mariposoide. Se le denomina así porque  tiene forma de mariposa.

Luego la vitrina exhibe objetos de piedra: hachas, morteros y majadores, así como piezas de concha.

En el museo hay una sala taína, con aire acondicionado, que contiene unas 300 piezas, donde aparecen las potizas o jarras en forma de corazón, collares, los sellos para la decoración corporal de los indígenas, los fotutos, los trigonolitos y las  hachas. Los trigonolitos o cemíes de tres puntas se vinculan con la fertilidad.

En esta sala está conformado por piezas de piedra y cerámica, que reflejan la composición cultural  de los taínos en cuanto a sus creencias mitológicas, la  funcionabilidad de los objetos y su significado.

En la cerámica hay decoración que reflejan las creencias mitológicas de  los indígenas, incluso figuran representaciones de búhos o murciélagos, lo que se vincula con el alma de los muertos.

El museo tiene una réplica de una canoa, confeccionada utilizando la técnica  de los indígenas  Cada sala o tema tiene un color.

Casi al final el museo exhibe el desarrollo de la

industria azucarera a partir del período colonial, así como un mapa de los ingenios azucareros en el siglo XVI.

En una vitrina se resalta el rol del hierro a través de la espada, pues constituyó un objetivo definitivo en la conquista de la isla La Española. Contiene una réplica de la carabela Santa María.

El casabe fue clave en la supervivencia de los colonizadores españoles y finaliza con las palabras incorporadas de la cultura taína al  español. La directora define al museo como “un pequeño tesoro dinámico y un laboratorio para conocer mejor esta parte de la historia”.  Cualquier  contacto es el teléfono 1-809-523-8554 o vía correo electrónico a museo@altosdechavon.com.