Muy, bien, muy bien, pero…

Muy bien por Danilo Medina al anunciar las  primeras medidas de austeridad que impondrá en su gobierno. Ahora las cosas lucen diferentes si es que sus funcionarios la respetan y no lucen una demagogia al mejor estilo de su predecesor y maestro de la mentira, Leonel Fernández, cuando por ley prometió lo mismo mientras hacía todo lo contrario.

El anuncio del Presidente de que paralizará la inversión en nuevas obras hasta enero del 2013, resulta lamentable y sabemos que es el resultado de las condiciones precarias en que la administración anterior dejó las finanzas públicas. El gobierno está en quiebra porque no tiene dinero para pagar sus deudas internas, mucho menos para invertir y apenas dispone de lo necesario para pagar salarios y la deuda externa.

Los nuevos incumbentes lo único que han encontrado es deudas por todos lados y solo algunos se han atrevido a revelar cifras como lo hizo el Vicepresidente de la CDEEE, que habló de los US$1,000 millones que se le deben a los generadores, cifra histórica que jamás se había registrado.

Aun así, Celso Marranzini quiere justificar ese desastre alegando que dio luz 24 horas pero sin dinero para pagarla. Ahora la luz desapareció de los barrios ricos y de los pobres y eso agravará el problema financiero de la CDEEE. 

Muchos de los nuevos funcionarios tampoco saben la realidad financiera de sus instituciones, ya que recibieron una cosa en papeles pero han encontrado otra. Los viejos engañaron a sus propios colegas del PLD que los sustituyeron, aunque tarde o temprano ese desastre saldrá a relucir.

El gobierno de Medina debe aclarar cuál es la verdadera situación del déficit fiscal y de todas las deudas encontradas en las instituciones públicas, sean centralizadas y descentralizadas. También deben transparentar las operaciones de “factoring” con el Banco de Reservas, que Leonel Fernández irresponsablemente disparó a RD$16,000 millones a julio pasado en su afán desmedido para terminar sus obras.

Paralizar momentáneamente la inversión pública es aconsejable, pero en el presupuesto del 2013 hay que retomar el porcentaje que le corresponde llevándola a un 30% del gasto total, lo que implica reducir el gasto corriente de manera sustancial. Es mucho más rentable para el país y para los pobres invertir en obras de bien social y generar empleos productivos, que gastar ese dinero en restaurantes, fiestas, viajes, nominillas y subsidios politizados que han prostituido los programas sociales, convirtiéndolos en pura práctica clientelista.

Es ahí donde está el meollo del asunto y es ahí donde Medina puede consagrarse como un hombre con visión diferente a la de su antecesor.

Finalmente, el nuevo gobierno está obligado a negociar un nuevo acuerdo Stand By con el FMI, porque de lo contrario nos llevará el diablo en persona. Ese acuerdo implica un brutal ajuste de la economía, que incluirá una reforma fiscal dura, con ajustes de precios en muchos bienes y servicios, comenzando por la energía. Igualmente, nuevas políticas deberán corregir las distorsiones cambiarias que conducen a un endeudamiento sin límites del Banco Central que resulta impagable para el gobierno. Esa flexibilidad cambiaria sería la mejor contribución a la competitividad de las empresas.

Pero ante todo, hay que cortar de raíz el despilfarro y el clientelismo en el gasto público y social que en nada ayuda a los más pobres, como se ha demostrado hasta la saciedad. 

Sabemos que por esas vagabunderías del PLD, Danilo es Presidente, pero es justo y necesario desmantelar todo el andamiaje de falsedades que ofrecen las cifras oficiales si el gobierno espera cierta comprensión ciudadana cuando vengan los ajustes.