Nació como la auyama

HAMLET HERMANN
En tiempos de estudiante vivía intrigado por el apodo que se había ganado uno de nuestros amigos. Muchos lo llamaban “Auyamita”. No había forma de que alguien explicara el origen del sobrenombre hasta que una amiga lo aclaró: era que disfrutaba de muy buena suerte. Todavía no le encontrábamos lógica al asunto hasta que otro orientó mi atención hacia la rastrera planta que produce la auyama o calabaza como la llaman en otros países.

“Serás idiota”, dijo. ¿No te das cuenta de que la auyama nace con la flor en el culo? Para tener tanta suerte como nuestro amigo tiene que haber nacido con el culo adornado.” Desde entonces, asocio la suerte individual o colectiva con nuestra auyama, la cual alimenta tanto si te la comes salcochada como si la metes en el bolsillo.

Con esa lógica de la auyama nació el béisbol profesional en nuestro país desde que el tirano Trujillo inauguraba cada temporada el día de su cumpleaños, el de San Rafael. La prensa de la semana pasada trajo la información en las páginas deportivas de que los altos ejecutivos de EDEESTE, la empresa transmisora de energía eléctrica, se habían comprometido a mantener funcionando el servicio eléctrico en los estadios donde se juega ese deporte profesional. Mientras, el resto del país sufre apagones de hasta 18 horas. Viene así a la memoria el absurdo del Faro a Colón de Balaguer cuyos faroles alumbraban las nubes mientras una tenebrosa oscuridad arropaba todo el país. No puede pasarse por alto que los equipos de béisbol profesional han sido organizados como empresas. Aquello de deporte no es más que un mecanismo de seducción colectiva usado a conveniencia. No son organizaciones deportivas ni filantrópicas donde prima el afán de servicios desinteresados a la sociedad sino la búsqueda de ganancias económicas. Obvian con algo de hipocresía aquello de que el Estado no debe intervenir en los asuntos de la empresa privada. Vuelve a repetirse la ley del embudo en la que la parte ancha es para los negociantes del béisbol y la estrecha para los que pagamos los impuestos con los que ellos se enriquecen. Mientras, la prensa deportiva mira hacia otro lado para hacer creer que no formar parte de la rosca.

De acuerdo con la lógica de cada gobierno que ha subido al poder, sin excepción, es un deber estatal el proteger de todas las maneras posibles a ese negocio en el que nadie que haya participado en él todavía ha perdido un centavo. Los estadios son construidos y reparados con el dinero de los impuestos cobrados por el gobierno. Las exoneraciones aduanales llueven a granel. La energía eléctrica es servida sin apagones y muy pocas veces aparece quien pague el servicio. Los impuestos de ley en escasas oportunidades son cobrados por los Ayuntamientos o por el gobierno central. La razón reside en que todavía se considera el béisbol invernal como un circo en el cual el pueblo se distrae mientras los gobernantes hacen lo que les viene en ganas.

Volviendo adonde empezamos, todavía está por conocerse la lógica que rige el favorecer con gastos enormes al negocio del béisbol profesional mientras la Secretaría de Deportes, Educación Física y Recreación se cae a pedazos. ¿Qué propósito tiene garantizarle energía eléctrica a las empresas beisboleras mientras el resto del país sufre apagones durante más de la mitad del tiempo? ¿Por qué si el Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) está preocupado por los indicadores reveladores de que la pobreza aumentó sensiblemente en nuestro país en los últimos años tienen los administradores del Estado que privilegiar en varios sentidos a una empresa privada que no retribuye en algo a la sociedad? Suena a discordancia que el Presidente de la República dé su respaldo al Director de Aduanas para que persiga a los evasores de impuestos mientras privilegia al negocio del béisbol profesional. Parece como si se quisiera desbaratar con los pies lo que se hizo con las manos.

Visto todo lo anterior, debemos concluir que la verdadera auyamita de nuestro país es el béisbol profesional. Nacieron con la flor donde sólo los afortunados la tienen, No les ha hecho tanta falta “El Jefe” y sus inauguraciones los 24 de octubre. Aunque ahora lo hagan un día antes u otro después, pero siempre alrededor de aquella fecha que tanto celebraban los que ahora disfrutan siendo el circo que suple la falta de pan.