Nada saben ni supieron

Nada saben ni supieron

Balaguer, conocedor de desmanes, inventó incontrolables

El uso de la fuerza, los excesos y abusos de poder son aceptados en nombre de la seguridad. Las voces que imputan crímenes y delitos a los miembros de la Policía Nacional-PN- auspician el “dale pa bajo”. Para “los nadies” la pena de muerte.

El intercambio de disparos encubre y luego la tranquilidad. Mientras más fiero el mando, mejor, aunque el disimulo comande.

Durante el reinado de Pedro de Jesús Candelier, los cívicos estaban rendidos a sus pies. Modositos, querían seguridad, mano dura que les garantizaran transitar de madrugada y por doquier.

El resultado de la encuesta Hamilton-Staff avaló el estilo de ese “hombre primitivo” como lo describió el presidente Joaquín Balaguer. El 58 % de los encuestados aprobaba la gestión.
Balaguer, conocedor de los desmanes policiales y de las excusas para mantener indemnes a los responsables de las fechorías, inventó a “los incontrolables”.

Antes del imperio del narcotráfico en las filas grises, todo era posible contra la sedición y para controlar territorios. Después ha sido el desfile de matarifes con títulos, aptos para el manejo impúdico de negocios, para inmiscuirse en asuntos partidarios, servir a grupos corporativos, conocer intimidades clericales.

Sorprende la bulla de antiguos jerarcas en contra del órgano que presidieron. Como la narrativa imperante obliga, opinan desde sus atalayas. Atizan el fuego que podría quemarlos, aunque la complicidad con el poder de facto los protege. Porque la saña imperante nunca menciona a la jerarquía, al contrario, la endiosa y exculpa.

Para mantenerse a salvo algunos sabios aseguran que el problema de la PN se resuelve: retirando a cualquiera que presuman ligado al régimen anterior; insultando, día y noche, a todos los conscriptos y encubriendo a los que ordenan las tropelías.

Los detentadores de la verdad, esos que tienen la receta para cada ocasión, han compartido siempre con la jefatura policial y también les fascina el caqui. Celebran las hazañas y disfrutan los teneres de generales sin tropa, de coroneles socios de los clubes cuya membresía el salario recibido no puede pagar y algo peor, disfrutan la compañía de sargentos que llegan a las tertulias con una parafernalia inexplicable para el ocio que la sostiene.

Siete años antes, preguntaba, en este mismo espacio, a propósito de una jornada en contra de la PN, sin la contundencia de la actual y sin Ley Orgánica: ¿Quién recuerda aquel alférez asesinado, que con la modestia de su salario poseía una finca y exhibía en la marquesina una colección de motores y automóviles? Amante de Harley Davidson, Bentley, Jaguar, de yates que competían, en el puerto, con el de píos ciudadanos.

Mencionaba al coronel acribillado, un 24 de diciembre, enfrente de su casa, cuyo trabajo en la PN no le permitía vivir con tanta holgura.

Indagaba el destino procesal de un sargento que fue sorprendido con 500,000 dólares en su vehículo Porsche Cayenne.” -“Omitir y Humillar”- 4.08.2014.

Es conveniente releer a Eva Joly, la juez de instrucción que comparte en el libro IMPUNIDAD su frustración, después de develar la red fraudulenta que permitió a la petrolera Elf operar más allá de las fronteras francesas.

Denuncia la connivencia de las elites y las patrañas que permiten la permanencia de los entramados criminales.

Menciona asimismo la hipocresía y desconexión con la realidad de aquellos que son beneficiarios del crimen y usan el discurso en contra de la corrupción, conscientes de la inutilidad del mismo.

Cita, para avalar las afirmaciones, su encuentro en Nueva York con un funcionario de la ONU, director de un departamento dedicado a la lucha anticorrupción. El hombre la reprendió: “Usted es una inconsciente señora. ¿Cómo se le puede pasar por la cabeza que va a obtener el más mínimo resultado?”

El momento es crucial para la implementación de las reformas consignadas en la Ley Orgánica, empero, insisto, privatizar el proceso es inadecuado.

La cháchara redentora continuará. Mientras tanto, procede preguntar ¿dónde estaba usted, camarada Nikita? Ahora, cuando tantos aprovechan la ocasión y denuncian lo que no pudieron ni quisieron evitar.

Más leídas