Narco apaga tranquilidad San Miguel de Allende

Mexico's President-elect Andres Manuel Lopez Obrador pauses as he meets with the press outside his party's headquarters in Mexico City, Sunday, July 22, 2018. Lopez Obrador has released a seven-page letter he sent to U.S. President Donald Trump earlier in July detailing how he sees the two countries working together to stem immigration. (AP Photo/Marco Ugarte)
Mexico's President-elect Andres Manuel Lopez Obrador pauses as he meets with the press outside his party's headquarters in Mexico City, Sunday, July 22, 2018. Lopez Obrador has released a seven-page letter he sent to U.S. President Donald Trump earlier in July detailing how he sees the two countries working together to stem immigration. (AP Photo/Marco Ugarte)

Entre calles empedradas habitan edificios de la época colonial y balcones de hierro forjado, campanarios neogóticos se elevan sobre la iglesia de piedra arenisca rosa que ocupa una esquina de la plaza principal.

La revista Travel and Leisure (viajes y ocio) la ha nombrado dos veces mejor ciudad del mundo, una ratificación de su amabilidad con turistas y jubilados de Estados Unidos, Canadá y más allá.

Últimamente, sin embargo, San Miguel ha venido atrayendo a un tipo muy diferente de personas: los cárteles de la droga. Tan pronto como llegaron y comenzaron a promover la cocaína e imponer su brutal tipo de impuesto a la propiedad (conocido como ‘derecho de piso’), comenzaron los asesinatos.

Un restaurantero murió en una lluvia de disparos frente a clientes horrorizados después de que se negara a pagar demandas de extorsión. El hijo del propietario de un negocio de materiales de construcción fue asesinado camino al trabajo.

La propietaria de una tienda de tortillas en la cercana ciudad de Celaya fue asesinada a tiros junto con dos de sus empleados. Además, un vendedor de frutas, un operador de una tienda de víveres, otro restaurantero y tres propietarios de cantinas cerraron sus puertas tras visitas de extorsión.

Este tipo de crimen era impensable aquí hace apenas unos meses. “Todavía es difícil de creer”, dice Manuel, gerente de un restaurante que, como muchos otros, solo dio su primer nombre por temor a represalias.

San Miguel se ha unido a la escalofriante lista de destinos turísticos (Cancún, Los Cabos, incluso la propia Ciudad de México) que están perdiendo su aparente inmunidad a las guerras del narcotráfico que han devastado gran parte de México durante años y quedado capturadas en titulares sobre decapitaciones, fosas comunes y tiroteos a plena luz del día.

Toda esta situación presenta un gran desafío para el presidente, Andrés Manuel López Obrador, y su marcado enfoque en el crimen con la estrategia “abrazos, no balazos”.

No solo han muerto más mexicanos que nunca (28 mil 741 en lo que va del año), sino que el derramamiento de sangre está dificultando el impulso del presidente para combatir la pobreza, ya que desalienta la inversión y profundiza la caída de una economía que entró en recesión en el primer semestre del año.

“La seguridad es un fenómeno a nivel nacional ahora y lamentablemente nadie puede escapar de esta situación”, dijo Javier Quiroga, jefe de la asociación de bares y cantinas de Guanajuato, el estado donde queda San Miguel. “La gente tiene cada día más dificultad para hacer sus actividades”.

Esculpida en la árida meseta que atraviesa el centro de México, San Miguel de Allende se encuentra a pocas horas en auto de Ciudad de México. Fue declarado patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), es el sueño de todo instagramer y lugar favorito de los amantes de la comida.

El clima es casi perfecto durante todo el año. Según algunas estimaciones, la población de 160 mil personas incluye hasta 10 mil expatriados, en su mayoría estadounidenses y canadienses, que viven allí al menos parte del tiempo. Hasta ahora, los cárteles no han tocado a boutiques, cafeterías y galerías de arte populares entre turistas y expatriados.