Narcodelincuencia Deja a protectores fortunas ensangrentadas

29_03_2017 HOY_MIERCOLES_290317_ El País12 A

No importa la creciente adicción a las drogas, a la que no escapan niños y adolescentes, las adicciones que destruyen vidas, las tragedias familiares, el dolor, la sangre derramada. ¡¡¡No importa!!! Solo cuentan los miles de millones de dólares que a capos y protectores genera el poderoso narcotráfico que salpica de sangre la economía.
Entre el auge de la delincuencia, perturbaciones sociales y el progresivo deterioro de la seguridad ciudadana, el país vive bajo el flagelo del tráfico de narcóticos, expandido sin mayores resistencias, mientras por toda la geografía dominicana crece el microtráfico que narcotiza la pobreza.
Con un engranaje que tiene piezas clave en los organismos llamados a combatirla, la droga va y viene, impulsada por la connivencia interna que permite su ingreso y salida al exterior, las operaciones de mercadeo interno que aumentan el consumo y los puntos de venta de estupefacientes.
El crecimiento exponencial del narcotráfico evidencia el fracaso en el país de la lucha contra este fenómeno, caracterizado por su bestialidad y falta de escrúpulos, el sicariato y ajustes de cuentas.
No sorprende que, como en 2015, República Dominicana volviera a aparecer en 2016 entre los mayores productores y países de tránsito de drogas del mundo, de acuerdo con el informe publicado el 2 de marzo en curso por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Flujo incesante. En yates y aviones, en furgones de frutos, valijas y maletas, transportada en el estómago o la vagina de “mulas”, el flujo de narcóticos no se detiene. Camuflajeados o no, crece la frecuencia de avionetas que lanzan la “mercancía” o aterrizan en una playa o una finca.
En tanto, la venalidad de militares mantiene la frontera domínico-haitiana como zona de creciente narcotráfico, que busca alianza con la inmensa pobreza que prevalece en ambos países.
Protección. Las cabezas de hidra del narcotráfico están acorazadas, blindadas por gente de poder que con su silencio o permisividad resguardan a los patrocinadores de este negocio sucio.
Capos y padrinos, funcionarios y empresarios que impunemente levantaron con el narco un imperio económico, jerarcas que desde posiciones estratégicas en el ámbito civil y militar contribuyen a tronchar cualquier esfuerzo dirigido a frenar el trasiego de narcóticos.
No cesan los casos de connivencia de jueces y fiscales, de oficiales de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) que se involucran en el narcotráfico o lo protegen. Asimismo, de extorsión a personas acusadas de consumo de estupefacientes.

Desde altos oficiales a rasos, siguen en contubernio con los cárteles de la droga, involucrados en el crimen organizado, en la comisión de asesinatos y otros delitos conexos al narcotráfico, además de formar bandas de delincuentes. Venden sus conciencias, sus servicios a cambio de millones de dólares generados por la creciente narcoactividad.

Capos y protectores. ¿Quiénes son? Sus rostros no han sido estigmatizados con el sello de narcotraficantes, son poderosos, han identificado y apresado a algunos capos, pero los grandes patrocinadores, los grandes negociantes no han sido identificados.
Señalan a funcionarios y empresarios de alto nivel, se les vincula a partidos políticos. Siguen libres, encabezando o protegiendo un negocio internacional con inmensa capacidad para corromper a políticos y jueces, a oficiales policiales y militares.
En el poderoso narcotráfico el botín suma millones de dólares, en el bajo mundo de la barriada cientos o miles de pesos. En los primeros, el delito lo encubre la complicidad, sus rostros los difumina la protección desde altas instancias de poder.
Salvo si son menores, en los microtraficantes sus caras aparecen en la prensa, la televisión y redes sociales, al apresarlos en redadas policiales y en operativos de la DNCD.
Son la carne de cañón, los que llenan las cárceles y cementerios, los que caen abatidos por la Policía Nacional y agentes antinarcóticos o en balaceras por el control de puntos de drogas.
Detonante. El microtráfico de drogas se convierte en detonante de la delincuencia y de la inseguridad social. Un generador de violencia y criminalidad, de robos y asaltos, promiscuidad sexual y embarazos prematuros.
Este complejo fenómeno de alta peligrosidad, conforma una intrincada red protegida por un cerco de contubernio, de temor y de silencio. Esa connivencia la facilita la presencia de delincuentes “enganchados” a policías y policías convertidos en delincuentes, que habitan el mismo barrio.
La red de traficantes y consumidores en pequeña escala, gana espacio en barrios periféricos como medio de sobrevivencia de pobres y excluidos, también como fuente de ingresos para imitar el consumismo desbordado de sectores pudientes, para saciar altas expectativas de vida insatisfechas.
Un núcleo organizado. El microtráfico opera en forma debidamente estructurada. Crean un núcleo organizado, empiezan dos o tres, luego la red se amplía con gente del barrio.
Unos venden y consumen, otros protegen y distribuyen la “mercancía”, llevada de madrugada a los puntos. La entregan a personas del sector que tienen nexos con grandes distribuidores. Buscan sitios discretos, o se escudan en colmados, pulperías y otros negocios para mercadear la droga, propiedad de grandes narcotraficantes que la almacenan en sectores residenciales.
Este creciente y enajenante negocio ilegal, engarza en la clandestinidad a pandilleros, a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, mujeres que fungen de “mulas”. Los reclutados llevan los narcóticos a consumidores fuera del barrio, en su mayoría de estratos medios y altos, donde también es transportada a domicilio por “deliverys” que van y vienen con cocaína, crack y otros estupefacientes.

Otros rondan escuelas, colegios y universidades, induciendo adicciones a los narcóticos. Entre los alumnos algunos se convierten en suplidores que los revenden para solventar el consumo, financiado además con robos hasta en su propia casa, con atracos y otros actos delictivos.