Navidad y esperanzas

Estamos en el umbral de la época más hermosa del año. Es tiempo de bienaventuranzas, de elevar plegarias e irradiar amor.

Las grandes naciones industriales se han visto sometidas, sin embargo, a la más severa crisis económica y financiera que se recuerde desde la gran depresión norteamericana de los años 30.

Medidas de carácter proteccionista mantienen aún muchos alimentos a precios inalcanzables para las mayorías, y cada día vemos cómo se hunde la estabilidad de países que eran ejemplos de solidez para América Latina.

Estados Unidos lucha denodadamente para no caer en una deflación, y la economía europea se ve seriamente amenazada por un tsunami cuyos efectos no parecen tocar fondo.

República Dominicana no puede estar ajena a ese golpe demoledor que la imprevisión y falta de controles han propinado a quienes por muchos años impusieron las normas en el intercambio comercial.

El panorama para el país, por tanto, no puede ser del todo halagüeño.

Pero debemos confiar en que las medidas de corrección que se tomen a lo interno, reflejen la realidad que vive el mundo.

Los tiempos de derroches han llegado a su fin, al menos mientras no se logre superar los obstáculos que impiden la confianza.

Mientras tanto, depositemos fe y esperanza en un futuro más promisorio, y disfrutemos de la Navidad con renovado entusiasmo y espíritu de conciliación y amor al prójimo.

La nación dominicana ha tenido momentos de pruebas difíciles, y las ha vencido con tenacidad y entrega al trabajo.

No hay por qué hundirse en el pesimismo.