Necedad

DOHA, Qatar.- La necedad de Donald Trump es evidente. Este hombre necio, sigue con el mismo lenguaje incendiario que le caracterizó durante toda la campaña electoral en la que finalmente salió victorioso sorpresivamente, un hecho que han tenido que aceptar a regañadientes millones de estadounidenses y otros millones más de habitantes de esta tierra que todavía no lo creen ni se resignan a que en muy pocos meses el destino del imperio norteamericano y de otros, sean aliados, o no, estará en poder de un personaje con ínfulas de dictador.
Todavía no se ha sentado en la “silla de alfileres”, del despacho presidencial de la Casa Blanca, y sigue hablando más de la cuenta, amenazando con tomar medidas enojosas principalmente para los emigrantes, justo cuando en estos precisos momentos el mundo entero está lleno de peligro, de trampas diversas como el terrorismo, capaz de hacer más daño que un ejército en batalla.
Donald Trump me recuerda a Pedro el del cuento del lobo, aquel pastorcillo que gozaba atemorizando a la gente de la aldea donde vivía, con el cuento de ¡Viene el lobo! ¡el Lobo!, hasta que un día, realmente, llegó el lobo……
En lugar de suavizar la situación tensa en su país, sigue echándole más leña al fuego, sin pensar que torres muy altas han caído y que su nación está llena de locos, de esos que se suben a la azotea de un edificio con un rifle o ametralladora en mano a liquidar gentes como si fueran pajaritos. Existen tantos fanáticos como en cualquier país del Medio Oriente.
Es el mismo país de Abraham Lincoln, John y Robert Kennedy, de Ronald Reagan, se salvó por un pelo durante un atentado, y hasta de Nixon, quien tuvo que abandonar la presidencia…
El presidente electo de USA hasta se contradice, por ejemplo, dice estar a favor de Pro vida, es decir, en contra del aborto, sin embargo, desea garantizar a los estadounidenses poseer armas de fuego, lo que ha provocado miles de muertes, entre ellos niños y adolescentes por una población civil armada.
Trump debería hacer un esfuerzo por ser prudente. A estas alturas no es menester tantas declaraciones inquietantes para algunos colectivos de su país. Es el triunfador de la contienda electoral. Ahora debe dar paso a la humildad y sensatez para asumir con sabiduría la presidencia de una nación líder.