Necesidades insatisfechas

La bonanza que se atribuye a la economía del país tiene una contrapartida de insatisfacción social muy dramática.

El crecimiento económico, elogiado inclusive por organismos internacionales, no se asoma a las puertas de las familias más pobres.

Es contradictorio que la economía de un país crezca a la vez que crecen y se consolidan los índices de pobreza.

En este país, es muy alto el porcentaje de la población que vive en la línea de pobreza, y es escandalosa la proporción hundida en la pobreza extrema.

Mientras eso ocurre, hay una pobre inversión en educación y salud, que son dos de los puntales más importantes del desarrollo.

Y más que eso, el Gobierno mantiene un orden de prioridades que no armoniza con las necesidades del país.

Por ejemplo, no se ha encarado con la debida firmeza el problema del precario y costoso suministro de energía eléctrica, que constituye una de las retrancas más perniciosas para la competitividad.

Se prefiere invertir sumas enormes en la construcción de un Metro de alcance urbano muy limitado, mientras se contrae la inversión en educación y salud a nivel global.

El servicio de transporte de pasajeros es de lo peor, pero el Gobierno prefiere autorizar alzas en los pasajes antes que enfrentar con decisión y entereza el caos y, por si fuera poco, encarece aún más los combustibles.

– II –

El Viernes Santo, en el Sermón de las Siete Palabras, los obispos encargados de esta liturgia reclamaron que el Gobierno frene el despilfarro de recursos del Estado.

Ya antes, dignatarios católicos habían advertido que la reelección presidencial es nociva para la economía y que funcionarios públicos distraen en campaña parte del tiempo que deben destinar a sus labores en la administración pública.

También se ha insistido en los altos índices de corrupción en la administración pública, mientras son tímidos los esfuerzos por neutralizarla.

Octavio Lister, director del Departamento de Prevención de la Corrupción, afirmó recientemente que la incidencia de la corrupción es “muy alta y muy a la vista”, y, por cierto, no es la primera vez que este funcionario se queja en ese sentido.

Como anotación al margen, es altamente suspicaz que las páginas web de la mayoría de las instancias públicas oculta datos referentes a las ejecuciones presupuestarias, nóminas de empleados y gastos generales.

Pero nada de lo anterior parece estar siendo combatido con el debido rigor por el Gobierno, que insiste en afirmar que sus esfuerzos están dirigidos a afianzar la transparencia en la gestión pública.

La conclusión es que habiendo muchas necesidades insatisfechas y una confusión terrible de prioridades, mientras crece la economía, la pobreza sigue intocable, imbatible.