Necesitamos nuevo políticos

De nuestro artículo anterior se desprende que es necesario y muy urgente educar a nuestra ciudadanía en los principios y valores democráticos; sea por la radio, la televisión o introducirla en la lectura de la Constitución y libros de fundamentos de la política, porque solamente así podremos tener, como resultados positivos, políticos conscientes de su deber frente a todos los ciudadanos, así podremos conseguir una verdadera cultura democrática. Ese es el blindaje que necesitamos para conseguir que la corrupción disminuya en los próximos años.

Si educamos a nuestros jóvenes en valores democráticos, no tendremos que lamentarnos de los desastres producidos por nuestros tradicionales políticos de balcones y barricadas improvisadas, que han sustentado a los viejos caudillos y tiranos que han agotado el país durante todos estos años, disfrazados unas veces de liberales y otras de conservadores con corazones de fascistas. Porque en realidad todos han sido, en su profunda intimidad, fascistas con camisetas de demócratas asidos al poder para beneficio propio y sus allegados, porque desagraciadamente todos estos últimos setenta años hemos vivido dentro de un espacio de vídeo-juegos como pantalla democrática.

Ocurren cosas muy curiosas respecto al concepto o al hecho real en un país cuyos ciudadanos han desertado de los principios democráticos para convertirse en arribistas con nuevas tecnologías. Es que ese espectáculo resulta muy cómodo para los idiotas con certificado de sacrificados que todo lo que les es necesario lo obtienen gratuitamente. Y resulta falso decir que la gente no gusta de la democracia auténtica porque está cansada de las mentiras de los políticos inconscientes y necios. Porque en realidad la única meta de los iniciados en nuestra política de farándula ha sido el poder.

La política dominicana es similar a aquellas golfotas atractivas, que muy bien describe Toulouse-Lautrec, de tal forma que en varias ocasiones, tenemos que hacernos como ausentes u obedientes para sobrevivir o pensar como Pinochet: “o yo o el caos”, porque no existes esperanzas y lo que sucede es que nos pueden aplicar la ley del silencio, como en la pasada tiranía de Trujillo.