NÉSTOR TORRES Acordes del alma sobre una flauta

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Las notas parecen salir desde la profundidad de su alma. Sus dedos vuelan al compás de sus sentimientos mientras el sonido de su flauta se hace al viento. Néstor Torres acaricia con su música y nos lleva a soñar.
Sin embargo, cuando está fuera del escenario la flauta queda relegada en el olvido. Su amplia sonrisa llena todo el espacio mientras irradia una paz que contagia. Escuchar su voz melodiosa, mientras habla con energía, hace de la conversación un privilegio.
Aunque es un famoso jazzista, cuando habla de sí afirma que simplemente es un individuo dedicado, a través de su talento y su don de palabra, a su crecimiento y al servicio de los demás.
¿Su intención? Activar lo mejor en el que lo escucha. “Hago la función de un espejo donde tú puedes ver lo mejor de ti”, sostiene convencido de que toca con un sentido de misión, compartir y servir.
Esa misión es el resultado del budismo que practica desde hace cuarenta años. Una condición de vida -indica- que se expresa a través de la flauta y le permite conectarse con las personas.
“Lo que me hace mejor flautista es mi intención de utilizar mi talento para tocar tu vida y la felicidad que mi música transmite es el regocijo que siento; el aprecio, el compromiso de poder comunicarme con el público; quizás mi talento es con esa intención de servir, de inspirar, de empoderar con mi música”.
El budismo, además, le ha permitido librarse de los peligros que encarna la fama: el ego y la vanidad.
Dificultad. Aunque es difícil imaginarlo, porque hoy es una estrella consagrada, Néstor pasó por momentos muy difíciles durante los primeros tiempos que vivió en Miami. “No conocía gente, no tenía contactos, no sabía cómo, y me fue muy duro, muy difícil”, dice al tiempo de recordar que pasó todo un año cruzando el Niágara en bicicleta.
Aquellos días, sin embargo, significaron mucho. Tanto que siempre recuerda la primera vez que le dieron una propina por su trabajo. “Cuando se abrió una ventanita, interesantemente como resultado de unas causas que hice como parte de esta práctica (budista), cuando me dieron propina por mi trabajo, yo aprendí. Fue una lección esa dificultad, ese tiempo tan duro que yo pasé”.
Los años han pasado. Pese a ello, aún tiene momentos de adversidad. “No lo voy a negar, por falso orgullo no lo voy a hacer. Todavía, por virtud de la carrera de músico y las circunstancias, que mi camino es muy diferente, la cosa sigue difícil”.
Al escucharlo, surge la duda, ¿cómo alguien que ganó un Grammy en el año 2001, tiene 17 discos y ha tocado en los lugares más impresionantes, puede decir eso? ¿La respuesta? Es una carrera de altibajos, que trae un sinnúmero de complejidades cuando se alcanza la fama. Ellas, generalmente, se traducen en gastos colaterales.
Su inspiración. ¿Qué inspira a Néstor Torres? “Una buena melodía”, dice al tiempo de explicar que en ocasiones ella llega gracias a la inspiración, de la mano de esa musa que irrumpe y lo arrastra todo. La mayoría de las veces, sin embargo, llega experimentando con sonidos y notas musicales.
Entonces sus manos se elevan mientras entona “do, re, mi, fa, sol, do, mi, sol… ven acá”.
“Es como construir algo”, explica, y agrega que algunos lo hacen gracias al conocimiento pero otros llegan a la música por instinto. ¿Qué siempre está claro? Hay un patrón de acompañamiento, de acordes, que evoca cierto tipo de sentimientos.

Recuerda entonces canciones como “Mi amiga”, que está inspirada en sus noches de adolescente en Nueva York; “Casey’s Garden”, que surgió de un momento de práctica; o “El Dorado”, que llegó en un concierto en Cali, Colombia, junto a Kike Santander y Juan Vicente Zambrano.

Proyectos. Al hablar de sus planes, cuenta que recientemente se encontró con El Prodigio (Krency García) en Nueva York, hicieron algo de turismo juntos y acordaron trabajar en un proyecto en común. “Estoy bien ansioso, con mucho entusiasmo para hacerlo. Él está creando algo muy excitante: está incorporando elementos del jazz dentro de su música típica y viceversa; su propuesta es espectacular”, dice emocionado.
Pasando a proyectos más tangibles, está preparándose para grabar su primer disco de Navidad y trabaja en un proyecto audiovisual que tiene un gran elemento coreográfico. “Se trata de un documental que va a salir en TBS e incluye invitados como Johnny Ventura, como 24 Horas y la artista femenina más importante en la música hoy día (se niega a revelar el nombre porque es una sorpresa)”.
Indica que el documental, que combina la música y el baile, se grabó en Miami, Los Ángeles, Nueva York y Santiago de los Caballeros. “Se va a presentar en septiembre en la estación de televisión de los Estados Unidos”.
Más adelante, en agosto, irá a Melbourne, Australia, y en octubre estará junto al maestro José Serebrier, un gran director de orquesta sinfónica que le ha escrito una pieza. “Voy a grabar con la Orquesta Sinfónica de Málaga. El proyecto se llama Torres toca a Serebrier”.
Además está trabajando en un proyecto muy ambicioso con la organización Florida Youth Orchestra: crear un programa de artistas en residencia.
Inquieto, mirando con alegría hacia adelante, sus ojos se iluminan al hablar del futuro. Entonces parecería, nuevamente, tocar: la música, aunque no esté con él, siempre lo acompaña.