¿Neurona o testosterona?

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Muchos lo confunden. Y en realidad no deberían ser incompatibles, el problema es cuando se usa y abusa de una hombría desmedida y mal entendida en vez de utilizar el cerebro.

Aquí se discute por todo. Y lo peor es el tono, un tono que pareciera preámbulo de pelea inminente. Lo mismo da que sean dos choferes en la intersección de una calle, dos ciudadanos haciendo apología de su candidato político de preferencia o dos compadres en una  mesa de dominó.

Desde niños, nos acostumbramos a sacar pecho por todo poniendo los atributos masculinos por delante, por si las dudas.

El “yo no tengo que ver” o el “se me importa”, son frases demasiado recurrentes para la ocasión. Si hay que pelear se pelea, pero no nos conformamos con los puños, no, recurrimos a cualquier arma, convencional o improvisada con la que acabar al enemigo. Y desde luego no nos paramos a pensar en las consecuencias. Uno, bien podría terminar en el hospital, o peor aún, en el cementerio, y el otro en la cárcel por mucho tiempo. En cualquier caso dos familias deshechas.

Tal vez, el afectado con más suerte, en prisión, día tras día, semana tras semana y mes tras mes, tendría ocasión de reflexionar sobre el hecho para darse cuenta, aunque tarde, que más le habría valido, haber usado el cerebro en vez de su supuesta virilidad.

En esos casos, mejor usemos las neuronas, y la testosterona… dejémosla para mejor uso.