Ngugi Wa Tiong’o y el reencuentro
con el arte de novelas

DIÓGENES VALDEZ
Un ejemplo de la violencia colonial en Kenia lo ofrecen los siguientes datos: “A fines de 1956, la relación oficial de bajas declaraba 11,503 gikuyus muertos, 2,585 prisioneros, 1035 heridos, y la rendición de 2,714 personas. El ejemplo más patético de los violentos métodos utilizados por Inglaterra, se puede encontrar en los campos de concentración diseminados por todo el vasto territorio de Kenia, los cuales fueron eufemísticamente llamados “campos de reeducación”.

En 1954, la represión alcanzó, por medio de la célebre operación “Yunque”, la cifra de 27 mil kenianos detenidos para el proceso de “reeducación”, pero otras operaciones similares elevaron este número a más de 50 mil detenidos, tan sólo en el año 1954.

Ngugi presenta en “Un grano de trigo” a los típicos habitantes de una aldea gikuyu, en la que personajes como Karanja, Mumbi, Gikonyo y Mugo, recuerdan su juventud “a la luz del conocimiento de sus debilidades individuales, adquiriendo las penalidades de estado de emergencia”, encontrando cada uno de ellos la fortaleza necesaria para seguir viviendo y lograr que sus vidas tengan alguna significación y por tanto, alguna utilidad.

La urdimbre de la novela de Ngugi representa en el personaje de Karanja, al hombre que se debate entre varios conflictos, al individuo que jura lealtad a su sociedad tribal, pero que al mismo tiempo admite la superioridad del hombre blanco, plegándose finalmente a la pretendida superioridad del europeo. De igual forma Karanja sacrifica una serie de valores morales ante la mujer que él ama, Mumbi, la esposa de su amigo Gikonyo, prisioneros de los ingleses en uno de los tantos campos de concentración diseminados en el territorio de Kenia.

Mugo es el falso y a la vez, auténtico héroe. Es el individuo en torno al cual se ha formado una aureola de revolucionario, y en cierto modo lo es, sin embargo, a él no le importan los bandos en pugna. De una manera muy peculiar, Mugo es un elegido del Destino, no obstante ser él un hombre que ama demasiado a su shamba (porción de tierra cultivable), porque está consciente que el ser propietario de una mínima porción de tierra confiere al gikuyu determinada importancia e independencia dentro de aquella sociedad colonialista. Mugo está demasiado ocupado en arrancar a la shamba el pan que se come diariamente, para ocuparse de los ingleses opresores y de los kenianos oprimidos, sin embargo, esto no lo redime del escarnio ni de los campos de concentración.

Mugo es el hombre que traiciona a Kihika, el revolucionario sencillo e inmaculado, y por una de esas incomprensibles vueltas que da la rueda de la historia, él también es el elegido para hablar a su comunidad en el día de la independencia, y en la cual debe hacer una apología del héroe y mártir Kihika. Los conflictos internos que estremecen a Mugo son narrados por Ngugi en forma sencilla, pero elocuente. Al final, este personaje encuentra valor para confesar su delito, retirándose a su casa a esperar el castigo que deben imponerle sus verdugos.

Gikonyo es otro gikuyu con aspiraciones de progresar dentro de esa sociedad colonial. El es ebanista, y al mismo tiempo especulador en granos. El azar lo envuelve y cae preso de los ingleses. La desesperación y el amor por su esposa. Mumbi, lo obligan a revelar el juramento Mau-mau, sin embargo, esto no le impide pasar seis años en la cárcel. Después de obtener la libertad, Gikonyo corre a su hogar, encontrándose con la desagradable sorpresa de que su mujer tiene un hijo de otro hombre, de Karanja, su rival en los años juveniles por el amor de Mumbi. Los celos le obligan a repudiar a la esposa, sin hacer el más mínimo esfuerzo para conocer las circunstancias bajo las cuales Mumbi concibe y pare un hijo de Karanja. Aunque Gikonyo y Mumbi viven bajo el mismo techo, la tensión y el sufrimiento hacen que Mumbi abandone el hogar y vaya a refugiarse en casa de sus padres.

Todos los problemas novelescos son resueltos por Ngugi en una forma habilidosa, lo que demuestra el conocimiento y dominio que este autor tiene de dicho género. Los culpables como Karanja y Mugo tienen su castigo el primero se convierte en un paria que toma el camino del destierro, convirtiéndose en un exiliado en su propia tierra. El segundo es ajusticiado por su traición a Kihika.

Un pasaje en particular debería llamar la atención de los lectores dominicanos de dicha novela; es el conflicto suscitado entre Muhoya (el teneral R) y su padre (Op, cit. p. 270), hecho que tiene gran similitud con el tema de el cuento “La mujer”, de nuestro gran escritor Juan Bosch.

Quizás la expresión más adecuada para describir esta novela de Ngugi Wa Tiong`o se encuentra en sus declaraciones dadas al boletín “Union news” de la Universidad de Leeds (Inglaterra), el 18 de noviembre de 1966. Nugugi dice lo siguiente:

“En ‘Un grano de trigo’ busqué a la gente que luchó por la independencia y comprendí que caían en varios grupos. Habían los que pensaban que el blanco era el ser supremo y no veían la utilidad de oponerse a los que era voluntad divina. (…) Había quienes apoyaban el movimiento independentista y tomaron el juramento. De estos algunos lucharon hasta el fin, pero otros, cuando llegó el momento de prueba, no estuvieron a la altura de su fe e ideales y se dieron por vencidos. Por último, había aquellos a los que podemos llamar neutrales, ¿comprende?, los no comprometidos. Pero éstos pronto hallaron que en una crisis social no puede haber individuos no comprometidos.”