Niky, Miqui y el PNUD

HAMLET HERMANN
A algunos nos encanta leer y subrayar las cosas interesantes que encontramos en los libros. Debido a esta maña vieja no podemos tomar libros prestados. Estamos obligados a comprarlos. Esto así, antes de adquirirlos me he impuesto la tarea de inspeccionarlos para no “dar un tarjetazo” por algo que no vale la pena. La tarea de inspección a la que someto cada obra es bastante sencilla. Es cuestión de abrir el libro al azar en cinco o diez lugares. En cada página abierta escojo, también al descuido, un grupo de párrafos y procedo a una ligera lectura. Lo mediocre o lo bueno de la obra sale a relucir con un sondeo de ese tipo. Pues bien, a ese tipo de inspección sometí el Informe Nacional de Desarrollo Humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y salí muy complacido del examen.

Cuando asistí la otra noche al acto de puesta en circulación de dicho informe del PNUD disfruté de varias sorpresas. Primero, noté la gran capacidad de convocatoria de ese organismo internacional. Como dice la gente, allí estaba todo el mundo. Cualquier partido, incluyendo al de gobierno, habría deseado tener para sí el quórum cualitativo y cuantitativo que allí se dio cita. Segundo, me llamó mucho la atención la claridad en los conceptos y en la expresión sobre los objetivos del estudio del representante del PNUD, Niky Fabiancic. Fue tan interesante su intervención que los estruendosos aplausos que le prodigó el público hubieran hecho morir de envidia a Plácido Domingo. Los “encore” y los “bis” abundaron por varios minutos. Evidentemente aquel público se sintió identificado con las palabras del funcionario y se lo demostró con todo y propina. Más adelante, Miguel Ceara Hatton, director del proyecto, mostró cuán humano se puede ser cuando se realiza un gran trabajo y todavía ser humilde. Con aplausos efusivos el público también reconoció sus planteamientos. Estoy seguro de todo el que allí estuvo esa noche salió complacido y con el informe en sus manos que, por cierto, tenía un precio muy bajo para las normas dominicanas.

Con ese informe se puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Todo depende de la visión que uno tenga en cuanto a cómo debe ser República Dominicana. No obstante, la composición del grupo que lo elaboró con alta capacidad científica y buena fe profesional es una garantía. Este no es un informe como los que a lo largo de la historia nos han presentado los Partidos y los gobiernos, manipulando información según su conveniencia. Estoy convencido de que el del PNUD será en lo adelante un marco de referencia para todo aquel que tenga los mejores deseos de que este país mejore y salga del atraso en el que ha vivido siempre.

Por supuesto que muchos políticos, legisladores, empresarios y funcionarios van a tener que rascarse o ponerse linimento donde el informe los toca. Pero también pienso que los que gritarán y protestarán por su contenido son aquellos que “pitchan” con la bola ensalivada. Los que tiran la piedra y esconden la mano. A ellos debe preocuparles que se ponga en blanco y negro lo que la gente piensa de su papel en la sociedad. Igualmente, los gobernantes que hemos tenido se sentirán descubiertos en sus manipulaciones cuando los lectores descubran que, a pesar de los pregonados crecimientos económicos, somos uno de los países que menos los han aprovechado y donde la pobreza más ha crecido.

En definitiva, el informe del PNUD es excelente como marco de referencia obligada para todo aquel que, en lo adelante, quiera opinar sobre este país. Ahora bien, considero que a quien más favorece esta publicación es a la Organización de Naciones Unidas (ONU). Ese organismo mundial, ha pasado sus sesenta años de vida tratando infructuosamente de complacer a todos los gobernantes del mundo al mismo tiempo y publicando inocuos documentos en los que el desarrollo humano es lo que menos se toma en cuenta. Papeles en los que los tiranos no se diferencian de los demócratas, ni los explotadores de los explotados. Presiento incluso que este tipo de documento como el que hoy tenemos a mano, objetivo, científico, transparente, preciso y claro en su lenguaje podría ser imitado en cada uno de los países que conforman la ONU. Si así fuera, debíamos alegrarnos de que empiecen a desaparecer los informes llenos de eufemismos que escriben mucho y dicen poco.

Me alegro por Nicky, por Miqui y por el PNUD porque nos han entregado una vara de medir, muy útil en estos tiempos en que los grandes farsantes quieren posar como grandes virtuosos.