No aprendemos

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Las manos del gobierno deben estar fuera de los partidos. La democracia exige partidos independientes, contestatarios de las acciones de los gobiernos. Los partidos deben ser los auditores de las acciones políticas y mal pueden ejercer su papel cuando su vida económica dependa de subsidios estatales.

El subsidio estatal a los partidos es una fuente de control desde el gobierno y una vía para la creación de grupos, subgrupos y tendencias que sólo persiguen el control del dinero que ingresa a la organización, para vivir de ello.

Ya murieron jóvenes y se troncharon carreras políticas en ciernes, cuando grupos de izquierdistas se disputaban el dinero que enviaban los chinos, los soviéticos y los cubanos.

La ley electoral exige un 5 por ciento de la población electoral para la existencia de los partidos y aquí hay más de 20 grupos reconocidos que reciben dinero cuando se produce un certamen electoral. Lo que no es cuestionado por nadie.

Ahora se inventan que la Junta Central Electoral organice y dirija primarias para la elección y selección de los candidatos de los partidos.

Esa disposición atenta contra la libertad de elección de los miembros de los partidos.

Es como si, de pronto, se le ocurriera a un genio (que los tenemos en abundancia) que la Secretaría de Industria y Comercio esté presente, organice los documentos y observe el desarrollo de las juntas de accionistas en las cuales las compañías por acciones eligen a sus directivos. Sería un atentado contra el libre comercio.

La gente se junta para formar una compañía, cumple con las leyes y disposiciones que regulan su existencia pero nunca hay un oficial del gobierno inmiscuyéndose en organización de las asambleas y en el modo de elección.

Imagínense lo que ocurriría si la Junta Central Electoral, (que las hemos padecido con todos los defectos habidos y por haber), decide que la elección de un candidato no fue sana y legal y se cumple el plazo para presentar las candidaturas. ¿Qué no puede pasar? Eso y más.

Saquemos de los partidos las manos del gobierno, de los “independientes”, de los “concertadores”. de la Junta Central Electoral, que sean los ciudadanos quienes escojan a sus representantes con absoluta libertad. Así se hace democracia, de lo contrario, se daña la democracia.

Con una precisión indeseada se repiten las enseñanzas no aprendidas de la historia. En el siglo 19 el general Gollito Polanco armaba una revolución por quíteme usted esta paja. Estaba sin empleo y cuando el presidente de turno lo supo le puso un sueldo. A poco Gollito andaba brindando buenos tragos y ricas carnes y a la pregunta de un amigo Gollito le contestó: “la pa” e” buena, pero con cuaito”.

¿Es que hay que pagarle la paz a los vividores que se cobijan en los partidos?