No cae en gancho ni suelta prenda

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Con 43 años de servicio ininterrumpido en el Senado, doctorado en Derecho en 1959, experto en materia legislativa y, sobre todo, amigo solidario y funcionario de lealtad a toda prueba, el doctor Paris Goico Jacobo suma a su acervo personal la perspicacia de aquellos seres esquivos, que no caen “en ganchos” ni “sueltan prendas”, pese a estar dotado de un carácter afable que delatan su voz de trueno  y su disposición a servir a los demás.

Burócrata a tiempo completo y conocer profundo de los aciertos y desaciertos del Senado, donde se desempeña como Secretario General Legislativo y de donde casi nunca se aparta, el doctor Goico, nacido el ocho de diciembre del 1934 en El Seibo, se ha convertido en una biblioteca andante que va de una a otra oficina para ofrecer, presto, sus sabias recomendaciones, pero también para contar anécdotas de su vida y entorno no siempre sosegados.

Ayudante

Goico Jacobo empezó a involucrarse con  los asuntos del Senado como ayudante del Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, licenciado Polibio Díaz, del cual fungía como enlace con el Congreso Nacional en los años 60.

Llegó entusiasmado y lleno de sueños al que sería su empleo por más de cuatro décadas, hasta el sol de hoy, el primero de julio del 1966, dada su amistad y camaradería con el presidente del Senado de entonces, doctor Miguel Ángel Luna.

Su primer puesto en el Senado fue el de ayudante de Secretaría y Jefe de Oficina, área en la cual todavía tiene su asiento su despacho de puertas abiertas y al cual penetran, sin anunciarse formalmente, amigos y otros visitantes, así como periodistas en procura de informaciones que casi nunca ofrece, pues prefiere siempre “rebotarlos”  hacia el departamento de Prensa o al que corresponda conforme el dato procurado.

-El poder-

Asesor eficiente y oportuno del presidente del Senado –de todos los que han ocupado el cargo en los últimos 43 años- al doctor Goico se le ve siempre, durante las sesiones, murmurando consejos sobre procedimiento legislativo y otros temas al oído del principal ejecutivo del hemiciclo, a espaldas del cual suele ubicarse cual si fuera la representación del poder detrás del trono.

En este accionar durante más de cuatro décadas se ha visto envuelto, como es de suponer, en no pocos contratiempos, pero de cada uno de ellos ha salido a flote gracias a su experiencia, así como a su fino y delicado olfato que le permiten conocer con anticipación hacia donde soplará el viento o si se producirá un viraje de la “torta”.

–Dos bufetes—

Uno de estos casos difíciles para el doctor Goico ocurrió en el año 1986, cuando, debido a una división del bloque perredeísta, en mayoría entonces, se instalaron dos bufetes directivos: uno encabezado por el licenciado Jacobo Majluta, senador del Distrito Nacional, y otro por Domingo Tavárez Areché, de La Altagracia, quien se agenció el respaldo de los reformistas.

Jacobo se instaló en el hemiciclo y Tavárez Areché, en la cuarta planta, lo que supuso para el doctor Goico un problema, además de institucional, de lealtad hacia el verdadero jefe, situación que superó, como siempre, en base a su intuición, que lo situó al lado de Majluta.

–Apuro con Trujillo—

Recién graduado de abogado tras su investidura en 1959, al joven profesional Goico, según una de sus anécdotas más socorridas, le cogió con ser diplomático y, dada su amistad con Ranfis Trujillo, hijo del gobernante, se hizo recibir en el Palacio Nacional por el perínclito de San Cristóbal, a quien le comunicó su interés de ocupar un puesto en el exterior.

Trujillo le propuso en cambio “engancharlo” como oficial  del Ejército Nacional, lo que el joven abogado rechazó, diciéndole: “Jefe, yo no quiero ser guardia”.

El rechazo de Goico desató la ira de Trujillo, quien, hechura del Ejército y convertido en déspota, se sintió ofendido y le lanzó toda suerte de improperios, entre los que no faltó el calificativo de “pendejo”, mientras el doctor Goico salía rápido y atemorizado, prácticamente huyendo, del despacho del mandatario.

Cuenta Goico que por temor a represalias no volvió a salir de su residencia durante varias semanas, lo que, paradójicamente, durante la “era” y aún en estos tiempos, no ha mermado cierta admiración de Goico hacia el brazo inflexible del tirano que gobernó el país durante 31 años.

-Frente a la oposición–

Paris Goico recuerda siempre de forma jocosa expresiones del doctor Adriano Uribe Silva, presidente del Senado por casi 10 años en períodos de gobiernos consecutivos del presidente Joaquín Balaguer, en el sentido de que a los legisladores de la oposición se les escucha siempre, pero se les rechazan sus iniciativas.

De este emblemático burócrata del Congreso, seguidores del acontecer nacional y hasta amigos personales suelen decir -los primeros en forma crítica y los otros porque lo comprenden-, que nunca ha estado en la oposición, sino cerca del poder político, en medio del cual suele desempeñarse o nadar como pez en el agua.

–Sin vacaciones—

El doctor Goico rehuye todo tipo de entrevistas y las referencias sobre su paso por la Cámara Alta sólo pueden recabarse a distancia, ya que las únicas opiniones autorizadas las ofreció, hace años, a la doctora Mu Kien Sang, quien escribió un libro sobre el Congreso.

Esa vez respondió, por escrito, cinco preguntas con un “sí” o un “no” y sólo cuando se le preguntó cómo había logrado mantenerse por tanto tiempo en el Senado, se desembarazó con esta frase: “Porque estoy las 24 horas del día sin tomar vacaciones”.