No dormirnos en esos laureles

Dos entidades tan influyentes como el BID y JP Morgan Securities LLC elogian por separado la estabilidad y el crecimiento de la economía dominicana. El primero sostiene que la nuestra es la economía más estable y de mayor crecimiento en la región, y la segunda llega a decir que nuestro desempeño en ese aspecto supera las potencialidades nacionales. Estos buenos resultados, logrados a pesar de que al entorno lo amenazan las dificultades, son como para ufanarse y celebrar.

Sin embargo, tenemos por delante unas elecciones complejas que implican gastos institucionales y de otras índoles, y las expectativas fiscales deficitarias obligarán a más endeudamiento para completar el Presupuesto General del Estado. A esto hay que sumar los efectos negativos que organismos como el FMI y la CEPAL pronostican para las economías regionales. Se espera una fuerte contracción que podría tener repercusiones negativas sobre el comercio.

Conviene, pues, asumir el compromiso sugerido por el BID, de consolidar las finanzas, y mantener el gasto público en topes razonables para cubrir lo necesario, para lo que es imprescindible resistir la tentación de ser manos sueltas en la campaña electoral. Somos la estrella que más brilla y la economía más estable en la región, dicen el BID y GP Morgan, pero eso no debe ser causa de que nos durmamos en los laureles.

Haití no logra organizarse

Haití sigue dando notaciones de que, como Estado, tiene una pobre organización y poca voluntad política para afrontar sus dificultades institucionales. Frente a la embajada de ese país en Santo Domingo continúan las protestas de súbditos haitianos que no han logrado obtener los documentos de identificación y nacionalidad que todo Estado debe garantizarle a su gente. Otro indicador de falla institucional es la adopción de medidas insostenibles que afectan sus relaciones comerciales con nuestro país y penalizan a sus consumidores, como es el caso de las restricciones al ingreso terrestre de 23 productos de origen dominicano.

Para colmo, los países amigos del pueblo haitiano hacen muy poco por ayudarlos a organizar y consolidar un Estado, como paso previo para procurar progreso económico y social.