No es el clima, es el sistema…

En Copenhague se debía  recortar las emisiones de gases con efecto invernadero de los países desarrollados y emergentes (China, Brasil, India), financiar y distribuir la ayuda a los países subdesarrollados para que mantengan su cobertura boscosa, reforesten y mitiguen los impactos del cambio climático, como son: la elevación del nivel de los océanos, el cambio en el régimen de las estaciones, de las lluvias y vientos (ciclones, monzones).

Se hablaba de US $ 100,000 millones por año y son pocos frente a las crecientes perdidas en vidas humanas y económicas.

Las emisiones con efecto invernadero provocan un aumento de la temperatura promedio del planeta, y con ello, cambios indetenibles en el funcionamiento de los ecosistemas: se debe limitar a 2º C, la fecha clave 2020.

Esas emisiones se producen en las ciudades en un 70 % y estas, ven cada vez más su población aumentar.

Son cuatro los escenarios previsibles: un acuerdo global, un acuerdo con muchos cabos sueltos, un aplazamiento de la Conferencia de Copenhague o un fracaso. El bloque de América Latina, el más progresista y preclaro,  propone: la supresión de los combustibles fósiles, financiamiento de investigaciones para propulsar las innovaciones tecnológicas necesarias,  reparaciones y compensaciones de la deuda ecológica, prohibición global de la deforestación de bosques primarios, oposición radical a las falsas soluciones (agro-combustibles, captura y almacenamiento de CO2, mecanismos de desarrollo limpio, transgénicos, mecanismo REDD), impuesto sobre las emisiones y no cuotas, Tribunal Internacional contra el delito ambiental.

Esa posición no cree que haya que modificar el clima, sino  el modo de producción y de consumo del mundo desarrollado para un Planeta más solidario y más responsable.

La transición hacia un modelo sostenible está en manos de los ambientalistas, del mundo entero, llamados a transformarse en los guardias-vigilantes de su entorno nacional.

Y que se sepa, señores síndicos, es a nivel municipal que se debe actuar, donde las políticas ambientales surten efectos inmediatos y deben proteger a los ciudadanos/as de los impactos del cambio climático: Ordenamiento territorial, más verde, menos emisiones, menos plásticos, menos ruido y menos carros, son las opciones acordes con el momento.