No es lo mismo ser pobre en el DN que en la frontera

No es lo mismo ser pobre en el DN que en la frontera

La investigadora social Jenny Torres propugna por dejar de abordar la pobreza individual centrada en la visión de los hogares y cambiar a una visión de pobreza territorial que conjugue, “la información valiosa que nos dan las encuestas, pero con la información valiosa que nos da el territorio”.

Destacó como viven los pobres residentes en los barrios de la cuenca del río Ozama, como Domingo Savio (Los Guandules y la Ciénaga), Capotillo y la Zurza, en relación con los habitantes de la frontera sur de República Dominicana.

Un estudio realizado por la socióloga contrasta ambas realidades sociales en términos del equipamiento de los dos territorios, hace hincapié en esos elementos de la pobreza que no tienen indicadores dentro de una encuesta de hogar, pero son determinantes para medirla de modo correcto e implementar las medidas adecuadas para combatirla.

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Jenny Torres

La salud

En una de sus entrevistas, Torres conversó con un residente en Jimaní, pensionado, que a la sazón presentaba problemas cardíacos. Debido a la ausencia de un buen hospital en esa demarcación, el individuo tuvo que, necesariamente, trasladarse a Barahona para visitar al especialista.

Este paciente requirió de alrededor de seis meses para reunir los RD$10,000.00 de, únicamente, realizarse los estudios médicos, tiempo en el cual, dicho sea de paso, su condición pudo haberse agravado.

Esta fue una experiencia de Torres de hace unos meses, pero ilustra la multiplicidad de casos de una frontera sur donde no existe equipamiento urbano.

“Es casi nulo, por ejemplo, no hay un cine, no hay un centro de salud adecuado y la gente tiene que moverse a Barahona, y eso implica un gasto impresionante”, denuncia.

El empleo

En el suroeste, la oferta de empleo está reducida a impartir docencia en los niveles de básica, primaria y secundaria, “o sea que puedan ser maestras. (…) no hay posibilidad de ser médico, por ejemplo, para la gente que vive ahí, por el otro punto, y no hay universidades”.

En el llamado sur profundo el trabajo en las zonas francas es de mediana calidad.

«Hay una combinación tan terrible en este lugar: tengo ofertas de empleo de calidad, pero sin equipamientos que puedan satisfacer los derechos, con una escasa oferta educativa, no hay universidad, hay poca oferta de educación secundaria y poca oferta, por no decir nula, de educación técnico profesional, entonces ¿es la pobreza lo mismo? No, no es lo mismo” sentencia.

Mientras, en el Gran Santo Domingo existe una gran concentración de empresas en comparación con las apenas una o dos que hay en la frontera sur, lo que Torres explica como, “una degradación de la calidad del empleo, de la oferta que existe en esa zona”.

El estigma social

En el caso del estigma social, los pobres de la frontera sur no son víctimas de la descalificación social que sufren los residentes de los barrios de la ribera del río Ozama, como Domingo Savio (Los Guandules y la Ciénaga), Capotillo y la Zurza.

Porque, según la experta, esa medición del fenómeno de la pobreza no toma en cuenta todos los componentes que el concepto a involucra.

“Porque el tema del hábitat, el tema de ese sentido del lugar social que significa vivir en Capotillo o vivir en la Ciénaga o vivir en Gualey produce eso que reconocido en las Ciencias Sociales como descalificación social, que le suma un conjunto de estigma a la gente”, expone.

Entonces no hay un indicador para ese rechazo en la encuesta del hogar y cuando el gobierno implementa una política pública con el objetivo de combatir el fenómeno, Torres lamenta que eso no sea tomado en cuenta. “No importa donde estés, no importa dónde te ubiques. Pareciera como que es lo mismo ser pobre en Capotillo, que ser pobre en Jimaní”.

Seguridad ciudadana

A los barrios de la zona norte del Distrito Nacional le suman elementos de inseguridad ciudadana y estigmas por el lugar.

“Ahora en Jimaní no tienes eso, te puedo decir que en Pedernales, Jimaní (Independencia) y Elías piña no hay problemas de inseguridad ciudadana en general”, afirma.

Precisa que no es que no haya robos, sino que en sus entrevistas la gente le expresa “aquí vivir es chulo, porque aquí tú puedes hasta, si quieres, dejar la puerta abierta”.

Entonces en ese entorno de pobreza no cabe la situación de estigma de, “ahí todos son ladrones”, como ocurre en los barrios de la zona norte del Distrito Nacional.

Ocurre que además de la pobreza en sí, también existe un proceso de descalificación social de la gente de Capotillo.

Asimismo, a pesar de que el Gran Santo Domingo tiene viviendas, hay calidad del empleo y servicios sanitarios, etcétera, es medido a nivel del hogar y hay un nivel de desigualdad dentro del territorio.

“Pero te das cuenta de que, cuando se construye el mapa, prácticamente toda la zona (de la cuenca del Ozama) es pobre, te das cuenta en Domingo Savio, te das cuenta en La Zurza”, manifiesta Torres.

Sostiene que esas dimensiones de la pobreza no son medibles con una encuesta de hogar donde solo responden preguntas sobre el empleo y tal, pero, “no pregunta nada de lo que tenga que ver con el contexto y el contexto sí es determinante”.

Falta la mirada académica

Cuestionó la forma en la que quiere encarar la pobreza desde el Estado y criticó que no se tomara en cuenta el punto de vista de la academia en la discusión que mantuvo el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (Mepyd), por aproximadamente dos años, para producir una, “nueva metodología de pobreza”.

Sobre el particular la investigadora dice “Te lo pongo entre comillas, porque realmente no fue una nueva metodología, sino que fue un reajuste a la medición de pobreza y mi expectativa era, que bueno, que el Ministerio de Economía y Desarrollo abriera un proceso de discusión en donde la academia tuviera un papel preponderante y se pudieran tomar en cuenta esos elementos que vienen desde la sociología, desde la antropología”.

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