No me preocupo… ¡me ocupo!

No me preocupo… ¡me ocupo!

Píndaro – le dice Herminio-… cuenta la historia popular que cierto día, el fósforo le dijo a la vela ‘Hoy te encenderé’, y que la vela, muy despierta, la respondió ‘¡Oh no!… ¿Tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados?… No me hagas una maldad de esas’…¡Así debemos ser nosotros cada día… Conscientes de nuestra propia existencia!”.

“Lo tuyo no está escrito en piedra –riposta Píndaro-… Pareciera que no te dieras cuenta de que nuestros hechos dejan constancia de un compromiso sólido con la vida… ¿Acaso no sabías, Herminio –le cuestiona ahora Píndaro-, que la vela –muy hábilmente-, le enrostró al fósforo su realidad?… ¡Su respuesta fue certera!… ‘¡Oh no!… ¿Tú no te das cuenta que si me enciendes mis días estarán contados?… No me hagas una maldad de esas…’, A lo que dice el cuento que el fósforo entonces le preguntó: ‘¿Entonces, tú quieres permanecer así toda tu vida?… Dura, fría y sin haber brillado nunca…’.

“¿Y qué le dijo entonces la vela?” –se interesa ahora Herminio-… “Ella puso sus cartas sobre la mesa y, mirando fijamente al fósforo, le llegó a lo profundo inquiriéndole ‘¿Pero tienes que quemarme?… Eso duele… y, además, ¡consume todas mis fuerzas!’…”. Píndaro, que se ha cogido la historia para él, comenta… “La vela es parte de cada uno de nosotros, que luchamos día a día por ocuparnos pero, múltiples situaciones nos llevan a constantemente preocuparnos… Siempre hará falta un fósforo de permanente motivación en cada uno de nosotros, sin esperar que una mano pueda ejercer –aunque esa sea su obligación, su autoridad para viabilizar realidades…”.

“¿Y el fósforo se quedó ahí, simplemente mirando a la vela comentar sobre el desgaste de sus fuerzas si él la empujaba a vivir?”… La respuesta de Píndaro fue inmediata… “Noooo, Herminio… El fósforo sacó de abajo y la enfrentó con una verdad profunda… Con esa mecha de vida que le caracteriza, cuenta el relato que le dijo: ‘Tienes toda la razón! pero esa es nuestra misión.

Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo, como fósforo puedo hacer, es muy poco, mi llama es pequeña y corta; pero si te paso mi llama, cumpliré con el sentido de mi vida. Yo fui hecho justamente para eso. Para comenzar el fuego. Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar.

Todo tu dolor y energía se transformarán en luz y calor por un buen tiempo’…Y fíjate, Herminio, – ¡la vela se portó como una generala!… Se quedó mirando al fósforo –que ya estaba al final de su llama, y le dijo: ‘¡Por favor, enciéndeme!’… ¡Es la ley de la vida!” –interrumpe Herminio-… A lo que Píndaro le aclara: “Si me ves de vez en cuando apagando velas encendidas, es que hago el esfuerzo de intentar apagar aquellas que precisamente han olvidado que han nacido para ser luz en la vida de los demás!”.

¡Tú y yo fuimos hechos para ser luz!

¿Tú no te das cuenta que si me enciendes mis días estarán contados?

Por un buen tiempo tu dolor y energía se transformarán en luz y calor