No pudieron hacerlo de  otra forma

Para los que no pertenecemos a las estructuras políticas que intervienen en el quehacer nacional, resulta hasta cierto punto fácil opinar  con relación a temas que se discuten,  incluyendo los que se encuentran sometidos a estudio y consideración de los congresistas, como es el caso de la Reforma Constitucional. Podría decirse que tenemos mucho más libertad para apoyar o disentir sobre cualquier tema, puesto que no estamos sujetos a las normas o disciplinas que rigen las diferentes organizaciones.

Por tales razones y dentro de ese contexto de libertad es que he opinado con relación al reciente acuerdo entre el Presidente Fernández y el candidato a presidir el PRD, Miguel Vargas. Pero es lógico suponer que muchas otras personas sobre todo dirigentes,  quisieran emitir  opiniones, pero no lo hacen respetando las normas disciplinarias o simplemente esperando que los acontecimientos lleguen a su nivel de normalidad.

Como era de suponerse, el Acuerdo ha provocado diferentes  reacciones. La mayoría de complacencia por lograrse objetivos que se habían hecho públicos y se anhelaban con vehemencia, y otros porque aunque en el fondo lo deseaban, no se encuentran cómodos con la forma en que se efectuó.

Siempre he creído en las formalidades, porque mediante el cumplimiento de ellas  las cosas pueden resultar  no solamente  buenas, sino además  elegantes. Soy formal y respeto todo lo que en esa línea se realice, pero no puedo dejar de reconocer que en nuestro país, por el cumplimiento de formalidades desgraciadamente se han dejado de lado muchísimas cosas positivas, porque los formalismos en cierto modo se han utilizado o convertido en retrancas innecesarias para el logro de objetivos fundamentales.

Entiendo las reacciones de algunos dirigentes tanto del PRD como del PLD con relación al tema  del Acuerdo. Tanto las que se han  hecho públicas como otras que han salido a relucir a través de voceros o periodistas. Esgrimiendo razones que ponen   a cualquiera a pensar. Pero mientras unas opiniones van y otras vienen, lo más importante es que en lo referente a la reelección consecutiva, una de las peores retrancas a la verdadera institucionalidad, no caben dudas de que  se ha logrado algo tan importante, que obvia cualquier desliz que se haya podido cometer en cuanto a formalismos.

La República Dominicana tiene características muy especiales. Somos una nación con estilos propios para muchas cosas y tenemos diferencias profundas con lo que ocurre en otras naciones. Por eso casi siempre considero cuesta arriba las comparaciones que se hacen,  especialmente con los Estados Unidos, para copiar sus  modelos electorales o de otra índole, porque tendríamos primero que contar con instituciones sólidas e independientes como ellos,  que lamentablemente la tentación de la reelección ha atentado permanentemente contra esos objetivos.

Probablemente Fernández y Vargas lo decidieron así,  porque  no pudieron hacerlo de otra forma. Lo importante ahora es que se cumplan esos acuerdos y que se den los pasos necesarios para que la institucionalidad sea una realidad.