No pudieron ser médicos

JOSÉ A. SILIÉ RUIZ
Los etólogos son hombres de ciencia que se han empeñado en estudiar el proceder humano y animal, tratando de explicar la conducta de ambas especies sobre una base principalmente genética. Estas teorías modernas organicistas se contraponen a los que anteriormente consideran la conducta humana relacionada solo a una basa más de respuestas a estímulos externos y del ambiente, los que planteaban que tenía más fuerza el aprendizaje social que el legado cromosomático.

Hoy día sabemos que la herencia es lo más importante; cual sería la respuesta desde el punto de vista psicosocial a este embate de violencia que estamos viviendo. ¿Será puramente genético, social o económico?, no lo sabemos, qué induce a muchos a delinquir, a contravenir las normas sociales y parecerse a los animales. Entendemos que Viena debe ser considerada la capital de la conducta, ya que al igual que Sigmund Freud, es un vienés Konrad Lorenz, quien ha iniciado esta ciencia, con estudios de la conducta animal habiendo logrado notables avances comparando ésta a la gestión de los humanos.

La ola de violencia ha sido culpable de que tres jóvenes estudiosos y buenos que aspiraban a ser médicos no estén en ese camino, Vanesa Ramírez Faña, Eduardo David Rodríguez y la niña Claudia Bidó Morales, los tres murieron como parte de este tumbo que arropa la sociedad dominicana, los tres en circunstancias diferentes; pero producto del mismo deterioro social, la primera en un asalto en Santiago, el segundo arrollado en la 27 de Febrero en una loca carrera de jevitos y la tercera en una balacera de bandas rivales en Las Palmas de Herrera. Lo común que tenían estos tres jóvenes era que aspiraban a ser miembros de la grey de Hipócrates, aspiraban a curar, a hacer el bien en procura de dar salud, a realizar una de las más nobles tareas que es ayudar a aliviar el dolor ajeno.

El inapelable paso del tiempo todo lo borra, ya no se habla con frecuencia de éstos jóvenes. Pasó “el momentun”, sólo sus seres queridos y en particular sus padres tendrán todos los días por el resto de sus vidas un pesar, que no puede ser reparado ni en el tiempo ni en la distancia, solo la resignación logrará en cierta medida ayudarlos a sobreponerse a tanto dolor. Pero nosotros, la sociedad común, cambiaremos a otros hechos de daño y éstos pasarán a ser historia dolorosa; pero historia al fin. Qué pena, como nos vamos acostumbrando a ver las muertes con una indolencia de guerra, de Médico del frente de batalla, que tiene que tomar la triste decisión de ayudar muy a su pesar al soldado herido que tiene mayor posibilidad de salvarse.

Cuando una parte del cuerpo tiene gangrena, el Médico tiene que tomar una decisión, o le cortamos la pierna y el paciente sobrevive cojo, o el paciente muere con sus dos piernas con un cuadro séptico. La sociedad dominicana está enferma, el desempleo, la droga, las grandes diferencias sociales, la impunidad en todos los ordenes, los hogares deshechos y la mala educación, son los principales culpables del deterioro, pero siempre se ha dicho que a grandes males, grandes remedios.

Cuando un paciente tiene un problema de importancia, su Médico de modo inteligente convoca a una junta médica, reúne a varios colegas con especialidades en distintos campos para que estos con sus sabias opiniones pueda ser todo de beneficio para el paciente. En esa tónica está la sociedad, las fuerzas vivas del país tienen un clamor, vamos a hacer esa junta, para que de ésta surja la mejor medicina para el enfermo, que de no ser tratado a tiempo y de manera adecuada, con la energía que fuere necesario, con la destreza de un sabio de la antigua Grecia, pero con los equipos modernos que da la sociedad cibernética, sólo así podríamos salvar el paciente que se llama República Dominicana.

Salvémosla de la colombianización, de la argelización, de la irakización, en fin de esas sociedades donde el terror ha impuesto sus normas y los ciudadanos viven en una verdadera tragedia de subsistencia, donde las madres no duermen, los padres se atribulan, nuestras mujeres viven aterradas, los jóvenes muy intranquilos, en fin una angustia colectiva. Somos de opinión y en eso creo expresar el sentir de muchos, que debemos llevarle el terror a los bandidos, a los que no quieren convivir en la decencia y en el trabajo digno, para que otros no corran la suerte de estos jóvenes muertos, y podamos cohabitar todos en avenencia y los que como ellos, decidan ser galenos puedan enrolarse en esta profesión de metas elevadas como lo es el curar, y puedan cumplir sus objetivos, en una sociedad con paz y progreso.