No puedo dormir, ¿qué puedo hacer?

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El insomnio en sí mismo no es una enfermedad, sin embargo es un problema ocasional para más de 70 millones de estadounidenses. Anualmente se invierten 98 millones de dólares en ayudas de venta libre para conciliar el sueño y otros 50 millones en tabletas de cafeína para permanecer despierto durante el día.

Por supuesto, todas las personas tienen noches de desvelo ocasionalmente y para la mayoría de ellas esto no es algo preocupante. Sin embargo, el 25% de los estadounidenses informa sobre problemas ocasionales para conciliar el sueño y el insomnio es un problema crónico para aproximadamente el 10% de la población. En estos casos, las personas son incapaces de desempeñarse en sus actividades diarias, ya sea porque están demasiado cansadas o porque tienen problemas para concentrarse debido a la falta del descanso gratificante que se logra con el sueño.

La mayoría de los adultos se desempeña bien durmiendo ocho horas cada noche hasta los 60 años de edad; después de esta edad, seis horas pueden ser suficientes. Aunque los ancianos necesitan dormir menos, casi la mitad de las personas mayores de 60 años, sufre de algún grado de insomnio.

La mejor forma de medir la cantidad de sueño que se necesita es saber cómo se siente el individuo. Si se despierta sintiéndose renovado, es porque está durmiendo lo suficiente. Para algunas personas este bienestar se logra durmiendo sólo cuatro horas, mientras que otras pueden necesitar hasta 10 horas de sueño para poder sentirse renovadas.

El uso de sedantes de acción duradera o en altas dosis para curar el insomnio puede incrementar la somnolencia durante el día con el paso del tiempo, empeorando el problema en vez de mejorarlo. El uso de antihistamínicos (el ingrediente principal en las píldoras de venta libre) para curar el insomnio, puede también original dificultades similares, y si se administran de manera crónica, pueden llegar a ocasionar un deterioro de la memoria de tipo reversible.

Los calmantes fuertes que se obtienen con prescripción médica inducen frecuentemente una tolerancia al medicamento y no proporcionan un sueño natural y tranquilo. Como resultado, la persona puede sentir más dependencia del medicamento y concluir que necesita una mayor cantidad. Cuanto más medicamento se toma, mayor es la tolerancia y los efectos secundarios que se desarrollan. Cuando se suspenden estos tranquilizantes, es muy común que el insomnio empeore.

En la mayoría de las personas, los problemas de insomnio son generalmente ocasionados por los malos hábitos para dormir y casi nunca por una enfermedad letal. Sin embargo, si se están presentando dificultades para conciliar el sueño, es necesario someterse a una evaluación de los niveles de depresión, ya que el insomnio es un síntoma clave de este trastorno.

El insomnio puede provocar una reducción en los niveles de energía, irritabilidad, desorientación, ojeras, cambios en la postura y fatiga.

La asesoría para los trastornos sicológicos que conllevan al insomnio, puede ser de gran ayuda. Los antidepresivos pueden usualmente ayudar no sólo a mejorar los trastornos del sueño, sino también los de depresión, más no son medicamentos de los que se pueda abusar y no hacen sentir la necesidad de incrementar la dosis, como sucede con muchos de los medicamentos que se prescriben para los trastornos del sueño.

Las pesadillas y los sueños que interfieren con el sueño, pueden también responder bien a las intervenciones sicológicas.

MAS DATOS

– Causas comunes

Jet lag (alteración del ritmo circadiano).
Trabajos por turnos.
Alteraciones en el patrón de sueño y de la vigilia.
Angustia.
Depresión o depresión grave.
Preocupaciones.
Ansiedad o estrés.
Alegría o excitación.
La cama o el cuarto no favorece el dormir.
Nicotina, alcohol, cafeína, alimentos o estimulantes a la hora de acostarse.
Envejecimiento.
Dormir demasiado durante el día.
Exceso de estimulación física o intelectual a la hora de acostarse.
Hiperfuncionamiento de la tiroides (hipertiroidismo).
Administración de un nuevo medicamento (efectos secundarios de un medicamento).
Alcoholismo, o cese abrupto del alcohol después de un largo período de consumo.
Exposición inadecuada a la luz brillante durante las horas en las que se está despierto.
Cese abrupto de un medicamento (como las píldoras para dormir).

Medicamentos o “drogas callejeras” ilícitas (por ejemplo, exceso de hormonas de reemplazo de la tiroides, anfetaminas, bebidas que contienen cafeína, cocaína, efedrina, fenilpropanolamina y los derivados de la teofilina).

Suspensión de medicamentos (como sedantes o hipnóticos).

Interferencia con el sueño a causa de diversas enfermedades, como el agrandamiento de la próstata (hombres), cistitis (mujeres), EPOC, dolor por artritis, acidez y problemas cardíacos o pulmonares.

Síndrome de la pierna inquieta.

– En bebés

La mayoría de los recién nacidos despiertan varias veces durante la noche, pero a los seis meses duermen generalmente toda la noche. Cuando llegan al primer año duermen un promedio de 16 horas por cada 24, de las cuales, dos o tres horas, las duermen durante el día. Algunas de las causas de insomnio en los bebés pueden ser:

Deseo de atención paternal o maternal.
Cólico infantil, u otro tipo de problemas digestivos (parásitos).
Indigestión.
Hambre.
Dentición.
Fiebre u otras enfermedades.

Fuente: Departamento de investigación Universidad de Maryland, Estados Unidos.