¡No rebase, filetes en la vía!

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POR  DOMINGO ABRÉU COLLADO
Poner en riesgo un filete, con la situación de hambre que se sufre en muchos sectores de la sociedad dominicana, es algo que deberían tener muy en cuenta en el Departamento de Tránsito Terrestre de la Secretaría de Obras Públicas.

Me explico, tanto en el manual instructivo para conductores como en las señalizaciones viales de carreteras debería aparecer como de SUMA ATENCION la presencia de reses en medio de la vía. De igual manera, debería juzgarse como de ALTA TRAICION el irrespeto a esa señalización.

Un número de reses en una carretera es sinónimo de relativa abundancia en la zona en donde se encuentre. Número de reses que significa también un alto (o bajo) índice microeconómico. El conjunto de reses en las carreteras del país vienen a significar entonces un índice macroeconómico, que si bien es un número de reses que (microeconómicamente) bloquea una carretera en un buen trecho, significa una microeconomía saludable. Y si el fenómeno se da en la mayoría (si no en todas) las carreteras del país, entonces estamos ante un fenomenal disparo de la macroeconomía.

Apresurar un grupo de reses en medio de la carretera bien puede catalogarse como un atentado a la economía local y nacional, y eso es una peligrosa falta, pues se está atentando (dentro del marco de la microeconomía) contra la producción de carne, leche, mantequilla, yogourt, queso, la producción artesanal en cuernos, la industria del hilo de sutura a partir de tripas, la fabricación de botones de hueso y la producción de vejigas de diablos cojuelos. Todo eso aparte de la fabricación de suelas, parches de tambores y correas de asentar navajas de barberos.

De manera que corto se queda el aviso de “No rebase” si se trata de no rebasar a una punta de ganado que va por la carretera. Bien explícita debería ser la señalización, so pena de que por llegar a tiempo a un cumpleaños o a la visita a un compañero narco encarcelado se estropee una vaca productora de leche y de todos los derivados expuestos.

La nueva Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones debería tomar en cuenta esta situación, e incluso gestionar que se legisle por el derecho que asiste al ganado a usar las carreteras. Pero más que nada, por la seguridad de la economía nacional, demasiado maltrecha ya para que venga un “manejamalo” a estropearla más todavía.

LA AUTOPISTA DE LA PIPIOTA

Esta carretera que penetra a Los Haitises debería llamarse “Autopista de la Pipiota”, pues es el tráfico de este vívere, junto a otros similares, el que la mantiene en mayor uso por los campesinos que utilizan predios en el interior de este Parque Nacional.

El desmonte para la utilización de la madera y para el uso de tierras para producir víveres sigue siendo un cáncer que corroe las entrañas de Los Haitises.

La historia interminable del hambre y del campesino miserable es la capa mágica que como a Harry Potter encubre a los grandes productores y exportadores de víveres que han crecido a costa del chantaje de la “necesidad de sobrevivir” enarbolada para la destrucción del área de producción de agua más importante que tiene el noreste del país.

Amparados en la intervención de supuestos dirigentes campesinos y activistas “comunitarios”,un grupo de negociantes maneja una cantidad enorme de víveres que es cultivada en el interior de Los Haitises, destinada a la exportación, cobrada naturalmente en dólares, pero cuyos beneficios no llegan (ni llegarán nunca) a los campesinos dominicanos y haitianos que van “comiéndose” al bosque húmedo de Haitises.

COSAS QUE NO CAMBIAN

Entre las actividades cotidianas que no cambian en el campo está la tarea de lavar la ropa directamente en los arroyos, manantiales y ríos de poca profundidad.

Una que otra vez el río cobra alguna pieza: una camisa, unos panties, una blusa; que se lleva quien sabe a donde, como prenda por sus servicios.

Las mujeres inician los lavados a poco calienta el sol, actividad que se mantiene por varias horas, tiempo suficiente para que los jóvenes completen las labores de hombres que les son encomendadas y luego -al terminar, o por un receso- se acerquen al río para una actividad especial, personal y secreta: atisbar -que es lo mismo que brechar- sobre las mujeres que, habiendo terminado el lavado, se dan tranquilamente a la tarea de bañarse, unas totalmente desnudas y otras a medio vestir.

Claro que la actividad de los jóvenes no se detiene a solo mirar, como tampoco avanza hasta manifestar su presencia, sino que en medio del ensueño de la contemplación baja un ángel que les pone aire de danza en las manos, para al compás del vaivén coral del ángel llegar al calor que vierte al aire una especie de viaje por la vía láctea que termina en un jadeo de vértigo y sueño, todo un tiempo de magia que años después serán los recuerdos más sublimes.

Y a todo esto, las mujeres seguirán lavando y bañándose como lo han hecho en toda la historia del quehacer doméstico del campo, porque son cosas que no cambian.

MONÓLOGO EN SILENCIO

¿Y este pana? Esa sonrisa de imbécil no me dice otra cosa que viene con el propósito de tirarme una foto. Ya me lo imagino luego en el periódico: “mira qué pose agarró esa muertica de hambre. Ella se sentía como modelo de “Bazaar” o de “Vogue”, esperando que le tomara la foto. Esa nunca había visto una cámara en su vida”.

Si no es que agarran la foto para despotricar contra el gobierno diciendo que la gente se está cayendo a pedazos de hambre y miseria. ¡Si no conoceré yo a los periodistas! Son igualitos que los políticos. Vienen por aquí, nos toman fotos a todos, y luego van y publican unos artículos con los nombres extraviados y diciendo cualquier cosa, mientras más exageradas mejor, a ver si dan palos noticiosos de primera plana para cotizarse mejor. ¡Ja, periodistas!

Mira a éste, él que cree que anda acabando con esa digital. Deja que le caiga cualquier lloviznita a ver si le va a funcionar. Esas no son como las Nikon o Leikas que soportaban cualquier cosa. Esas eran cámaras de guerra, metálicas, blindadas, no esas vainas de plástico. Pero nada. Que haga su foto y siga por ahí. Aunque si sale mi hermana de seguro que querrá hacerle fotos también y pedirle café a ver si la ve caminando para allá y para acá y agachándose.

Yo los conozco. Si la ven de una vez le ofrecen trabajo para que coja para la capital dizque para una entrevista y después llevarla a comer donde unos chinos. Je, ¡esos periodistas no se pierden una! Y peores son los fotógrafos, esos quieren comerse las mujeres con los ojos. Si los conoceré yo.

¿Ya tomó su foto señor? pues siga, que más adelante hay gente, y que San Ramón lo saque con bien.