No ser un púgil, musa, es como no ser nada

ROUND 1 (round de estudio). Primera cosa: mirar a los ojos del lenguaje fijamente, mientras se dictan las instrucciones y reglas del combate. Mirada dura para la segunda acción: el choque con los guantes con firmeza. Así se escriben capítulos de historia en la escritura. Así escribe su poesía Alexis Gómez Rosa, retador.

ROUND 2 (round de estudio hasta el minuto y medio). Jabear, evitar el cuerpo a cuerpo. Breves incursiones, ganchos a los planos bajos, pero con salidas rápidas, sobre el entablado: ligero vuelo grácil de mariposa con aguijón de avispa (Alí). Como quien dice sin decir, sugiriendo el hematoma. Recordar las peleas callejeras en el barrio: gran taller. La forja de la infancia como pleitos permanentes en cuadrilátero abierto del asfalto. Formación de una afición: escribir es combatir, lo mismo que estar vivo y enfrentar los lances de existir, las broncas de escribir, el golpe acerbo.

ROUND 3 (round adjudicado al defensor del título). La justificación de la poesía como duelo, como lid: el fogueo con la misma realidad que vivió Santo Domingo: púgiles mestizos contra pugilistas yankees, con arsenales éstos de técnica precisa y consumada; los primeros con las mañas del que pelea abajo, fiereza bocarriba. Ellos saben contender y contundir. Primera gran pelea del poeta: las reivindicaciones sociales y políticas, por el proyecto bélico hacia el proyecto literario.

ROUND 4 (round del retador). La pelea es un relato y el poeta su cronista. Alexis Gómez Rosa, retador, lo supo desde antes: bastaría recordar el poema 22/22, proveniente de “New York City en tránsito de pie quebrado”.

ROUND 5 (las tarjetas dan empate). Ese texto ubica al propio autor detrás del parapeto del que observa, registra, vuelca lo que ve: lo emparenta de inmediato con otros escritores artistas de la pluma y artistas de fistiana (los narradores Piglia, Poli Délano, Cortázar, Hemingway; los poetas Hernández Franco y Mir, dos hombres de verdad de puño y letra). Y escritoras que aluden al boxeo: la premio Nobel Szymborska (“No ser un púgil, musa, es como no ser nada”, “No ser un boxeador, ser un poeta con una condena a poemas forzados”) o la costarricense Ana Istarú: (“El hombre que boxea/ pide disculpas, cae,/ quiere un tropel de cuernos/ que acuda a sus nudillos”). Sin dudas, dice Istarú, “las mujeres podrían desmayarse en esta tarde de otoño,/ y lo harán, pero sólo frente al ring”.

ROUND 6 (las tarjetas continúan dando empate). Ahora bien, su referencia más inmediata es el poeta Juan Manuel Roca (Medellín, 1946), contemporáneo en tiempo y afición, de quien es posible rastrear la foja lírico-boxística: “Imaginen un cuadrilátero bajo el neón de la luna, donde mi ego busca poner K.O. a mi alterego. ¿Qué hacer cuando se tiene como sparring a una sombra?”; “Como un viejo púgil rondando el encordado oirás la voz del desaliento” y “El boxeador/ Lanza jabs a un saco de lona,/ La muerte arroja su negra toalla al ring/ vacío”. Pero Roca lleva siempre a un abordaje de derrota; aquí no tanto.

ROUND 7 (domina el retador). Debemos vincular al retador con Arthur Cravan, nacido burgués pero luego ladrón, desertor, caballero de la industria, marinero en el Pacífico, mulero, recolector de naranjas en California, rata de hotel, leñador, nieto del canciller de la reina, chofer en Berlín y sobrino de Óscar Wilde, con quien también creía que la vida es como el arte y no al revés. Alguien que quiso escribir poesía con los puños, noquear a su rival con un poema, y terminó de campeón francés semipesado, poeta precursor del dadaísmo y desapareciendo de manera misteriosa en el golfo de México. ¿Paralelo con Alexis? Bueno: éste es alguien que “ha invertido su vida en correrías de cama y mesa”, un “poeta aventurero y agente secreto de la palabra pública”, “el fracaso del proyecto familiar”, profesor catastrófico del Board y catedrático de Hunter College, etc., según sus biografías, sus antibiografías.

ROUND 8 (nockdown al titular). Otra correspondencia: Alexis precursor de cuanto se procesará después. Como a Cravan los del grupo de Tzara, como a Tzara después los surrealistas, la poesía del ahora en el país sólo puede leerse releyendo a Alexis. Lo dijo todo, todo lo leyó y nos hizo fotocopias. Recreó sus ascendientes, aguijoneó sus contemporáneos y ofreció su biblioteca a los imberbes. De ahí su actualidad insoslayable. Verdadero retador en su poesía.

ROUND 9 (round de amarres). En las Prosas de esta velada dura, vemos la misma veladura de los versos. Un poema en uppercut con un jab lírico. Lo sórdido del barrio, el púgil que pierde la pelea de su vida, de la vida, hasta arrojar “la toalla sobre un hematoma invulnerable”, con “derrotas invencibles’’ (como Kid Barquerito): a qué insistir sobre la magulladura cuando puedes crear otras. Pobre sparring que intercambia palabras por trompadas con el fin de ser ranqueado. Del gimnasio de los chatas: “clasificar por peso a los desarrapados”. Como el que exuda tinta: “verija de agria peste que sabe a guante de boxeo”. Esa plasticidad son fintas de peso welter, pero que pelea en pluma. El lenguaje virulento del deporte hace de este libro un espectáculo en cada milímetro de cuadrilátero: al fin que todo libro también tiene cuatro esquinas, cuatro ángulos rectos, duros rectos al mentón. Los intercambios constantes, como cortante el tajo en cada verso: lo que dice deja contusiones, por esas hemorragias de escritura. Es un reto no a leer: al golpe y contragolpe. Pela de lengua equivale a pela de guantes recios.

ROUND 10 (domina el retador). Avanzan. Las ventanas-guillotina cuelan trotes trepidantes del tren 1, parada 181th street, in the Heigths, you know: tren de pelea igual el subway, pero en láminas de acero. Gómez Rosa, el retador de hoy, nos convoca a su esquina de la 176 con St. Nicholas. Carlos Rodríguez, quien ya no volverá, exquisito poeta, con frituras; Leandro Morales, de agudeza acidulada y discreción; Perdomo, con el niño y con el coche; yo. Pudo ser cuando Durán- Ray Leonard, Chávez-De la Hoya, Tyson-Holyfield, quién sabe. O en todos los combates posibles, combinados, frente a un vino zinfandel, la picadera opípara. La filigrana de tejer un hematoma con el jab es lo mismo que esculpir el poema en el papel. Discutir, especular: ellos riñen por nosotros en el ring de la TV, “los excesos en el ring revancha vierten en la calle”. Nuestros púgiles: Pessoa, José Carlos Becerra, Perlongher. Tenemos más recursos: derechazos de Echavarren, gancho al hígado de Porchia, los jabs de Edmond Jabés. La poesía contundente en la nómina anatómica del otro.

ROUND 11 (se tambalea el campeón). El dominio es total, en la página, en el ring: en la herida del otro germina su derrota, pero en esta poesía se produce una fisura: el lenguaje aparece por hiperrealidad: según se cuentan cosas y describen las acciones. Está el obturador de la pupila turbia del poeta, estilete en la sustancia: la cámara más lírica, más lúdica: close up en la caída.

ROUND 12 (faltan pocos segundos: dramático nockout del retador). Suena entonces la campana y nos vamos a las duchas (o a las letras, que es lo mismo).