No te creas la película

Manauri Jorge

Hace un par de años estuve en el Palacio Nacional conversando sobre educomunicación con la vicepresidenta Margarita Cedeño. La plática fue interesante porque la segunda al mando maneja muy bien esos temas y nos extendimos hasta el mediodía. Al salir de la casa presidencial crucé al frente, caminé varias esquinas porque no tenía carro y entré a una barra donde pedí una tostada y una taza de leche. Solo llevaba 100 pesos en el bolsillo, me sobraron 25 y eso era suficiente para subirme en la voladora.

Quizás otra persona tiene un encuentro con una persona de magnitud gubernamental y sale del Palacio con el ego lleno de helio, inflado de prepotencia y llamando un taxi de lujo que le cobra lo que no tiene. No soy ni creo sea nunca de ese tipo, no me creo la película por más cámaras que me pongan.

En este oficio de comunicar tenemos la particularidad de que desayunamos con una empanada de huevo, almorzamos a la carta con el Presidente de la República, merendamos un pedazo de arepa y cenamos mariscos con cualquier círculo empresarial. En un mismo día bajamos de un avión para tomar carritos públicos, en menos de una hora pasas de cavas y vinos a helados en fundita y masitas.

Realmente me resulta incómodo ver a algunos colegas mirar sobre los hombros a las personas pobres, a la gente de barrio como tú, como yo, como nosotros. No logran entender que el periodista es el medio al que representa y solo tendrás vigencia si estás en nómina. Si por cualquier razón dejas de representar esa marca es muy seguro que a los dos días se olviden de ti. Incluso, es tan así que a veces ni te llaman por tu nombre, te dicen… “CDN, Telenoticias, Listín, Diario Libre, Hoy, El Día, SIN” o cualquier otro medio del cual presentes credenciales. No eres fulano, eres tal medio y eso es así.

Nuestro paso por la comunicación tradicional no es muy estable porque necesitas dos o más empleos para poder cubrir tus gastos y eso reduce la calidad de tus propuestas. Los medios tradicionales, al tener un nombre y reputación hecha, pagan poco porque, además de darte mucho trabajo, heredas un seudo-prestigio que más tarde se traduce en favores con las fuentes. “Aquí pagamos poco, pero te damos el honor de llevar nuestro nombre y eso vale más que todo”, dicen algunos dueños y gerentes de medios. Los que inician en esto se creen el cuento y trabajan por poco, a veces de gratis.

Como ya les había comentado, el periodismo está en crisis y es evidente en las redacciones cuando palpas que donde había 10 colegas ahora hay tres; donde salía un equipo de cuatro ahora sale uno que con un celular debe hacer todo sin fallas porque, si te equivocas, eres un inepto que no valoras las oportunidades de representar tal o cual marca editorial. Quieren que transmitas en vivo el suceso, pero no te dan un celular que funcione ni internet, te empujan a usar tus recursos sin incentivos por eso.

Supongamos que ya llevas varios años en el oficio y te haces amigo de las fuentes –que es normal-. Mientras le puedes publicar una información te ponen todo en bandeja de oro, pero si pierdes las influencias así mismo se esfumará la dichosa amistad… ya no eres rentable para ellos. Pasa lo mismo en las redes, si dejas de publicar te van olvidando y pierdes la identidad. Para el mercado informativo somos lo que publicamos, somos una cuartilla, un post o un corte en televisión.

Pero ya que hablamos de medios y fuentes, es necesaria la acotación en las relaciones públicas porque allí el fenómeno es peor. Cuando estás en un medio y representas interés para las marcas privadas te envían obsequios por cualquier fecha rara y te invitan a todos lados, pero si sales del listado mediático y esas notas no se publican, te ignoran cuando te ven en la calle o simplemente te dejan en visto si envías un saludo a quien se supone era tu amigo. No me ha pasado, me regalan muy poco.

Por eso no me creo la película, no creo en esas falsas alabanzas que hacen terceros, sobre todo si exalto sus intereses en alguna publicación. El pobre te ve como rico y para el rico solo eres un pobre con suerte. Si no mantienes los pies en suelo el ego te pondrá capa roja y después la realidad te da cocotazos de kriptonita. Nunca olvides que los puestos son transitorios, pero la gratitud es eterna. La profesión genera colegas, la humildad genera cariño.