No tenerle miedo al miedo

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Pese a las consideradas auspiciosas conversaciones bilaterales entre los dos cancilleres isleños, el gobierno haitiano mantiene su estribillo de acusarnos de racistas ante cualquier incidente, que muchas veces protagonizan sus nacionales, con lo que incrementan la cuota de miedo que transmiten en sus agresiones para mantener amedrentado al país, que pareciera tenerle miedo a lo que ellos podrían acusarnos, si a uno de sus nacionales le ocurriera un accidente urbano, para acusarnos ante sus amigos internacionales.

Afortunadamente, la nueva corriente progresista y valiente que se ha instalado en la Cancillería dominicana, está decidida a frenar esa cadena de agravios que por años iban en aumento a medida que por prudencia el país no decidía ripostarle con responsabilidad, para no ofender no solo a Haití sino a sus amigos que parecen más alertas que ellos para arremeter con sañas en contra del país y su arrinconado gobierno.

Ya concluyó la temporada fresca y el calor de las relaciones bilaterales con los encuentros celebrados ha ido en aumento, pero parecería que en cualquier momento pudieran producirse acuerdos que enfríen las malquerencias. El país ya no aceptaría más humillaciones y podría reaccionar creando un ambiente que se nos acuse de agresores y nos veríamos sometidos a condenas promovidas por los amigos de Haití, tales como Estados Unidos, Canadá y Francia.

El mensaje del presidente Medina, en la reunión conjunta de diputados y senadores, el pasado 27 de Febrero, fue muy prudente, ya que reafirmó con énfasis que no habrá prórroga en junio para el registro de extranjeros, por lo que se reiniciarán las deportaciones masivas de esa marea humana que nos llega cada día desde occidente, pese a que el CESFRONT detiene a miles de haitianos mensualmente y los retorna a su país, donde no quieren vivir por no existir condiciones mínimas para la existencia bajo el dominio de un gobierno que los ignora y solo los utiliza para azuzarlos en su emigración hacia Dominicana, por aquello que este país es parte de su territorio.

Y es que la elite haitiana en el poder no considera a los más infelices de sus paisanos como seres humanos; ellos no se ocupan de proporcionarles los documentos requeridos para que se sientan ciudadanos y hasta prefieren que la recurrente epidemia de cólera adquiera ribetes de desastre nacional, para así eliminar parte de una población que ya en más del 40% vive de lo que se produce en el campo e industrias dominicanas.

Los haitianos están jugando a la proximidad de las elecciones dominicanas del 2016, ya que por experiencia saben que miles de ellos son inscritos como nacionales para que puedan participar en nuestras elecciones en apoyo del partido político que patrocina esa acción de dominicanización, que ha sido crucial en pasadas elecciones en determinadas provincias.

El país, con su nueva clase diplomática en la Cancillería está mostrando más agallas que la anterior, dándole el frente al desafío y envalentonamiento en contraste con la pasividad del pasado, y con los cambios positivos se le demuestra a los haitianos que no se le tiene miedo. Y si la prudencia criolla se entendía como miedo, no era tal cosa, para que los haitianos se quiten de la cabeza la creencia del miedo dominicano a ellos y, por tanto, podían ser cada vez mas agresivos, como lo demostraron antes del encuentro de Jimaní, que el supuesto racismo dominicano era el arma preferida de una diplomacia occidental obsoleta y venenosa. Será necesario que la frontera vuelva a ser lo que era: una señal clara de la soberanía y no una fuente de pingües beneficios para las autoridades de ambos lados de una frontera inexistente.

Desterremos el miedo del miedo a los haitianos, si hace más de un siglo fueron humillados por los soldados dominicanos en épicas contiendas bélicas desde 1844 a 1856, por igual ahora debemos sacudirnos de esos temores que supuestamente ellos, con sus relaciones internacionales puedan desalentarnos para que los dominicanos no se acuerden de los actos heroicos de nuestros antepasados, los cuales supieron humillar severamente a los antepasados haitianos en cruentas batallas en suelo dominicano para que la isla no volviera nunca más a ser una e indivisible, pero se apropiaron de cuatro mil kilómetros cuadrados.