No violencia contra la mujer

La violencia contra la mujer es un acto tan abominable que se tomó el 25 de noviembre como la fecha para reclamar su cese. Una resolución emitida por la Organización de las Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1999, mediante la cual se establece el “Día internacional contra la violencia hacia las mujeres”, se inspiró en el brutal asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. La referencia no podía ser más ilustrativa, pues el asesinato de esas jóvenes llenó de estupor a la sociedad dominicana y tuvo repercusiones que iniciaron la cuenta hacia la caída de la tiranía.

La indignación por el asesinato de estas jóvenes quizás opacó el valor de Rufino de la Cruz, el chofer que se ofreció a conducirlas a Puerto Plata, donde estaban presos sus esposos. No se duda de que este hombre conocía el riesgo a que se exponía. Hoy por hoy, la violencia contra la mujer es una de las grandes preocupaciones en la sociedad dominicana. Basta con contar los casos de agresiones de que a diario son víctimas mujeres dominicanas a manos de parejas o exparejas cegadas por los celos. Sería suficiente con saber que el número de feminicidios ha ido en aumento, en una sociedad que constantemente predica contra ese tipo de violencia. Nuestra voz se levanta hoy  para resaltar el valor de Patria, Minerva y María Teresa, su carácter indómito, y para repudiar con la energía de siempre la violencia contra la mujer.

¿Quién rescata a los emergentes?

Las economías de todo el mundo, y en particular  las de los países emergentes, han sido arrastradas a una crisis por la que no tienen la mínima responsabilidad. Se trata de una crisis provocada por transacciones en el mercado de  los Estados Unidos en base a valores que no representaban realmente lo que se pagaba por ellos. A la hora de convertirlos en dinero tangible vino el descalabro del mundo financiero que negociaba con los mismos.

Los países emergentes, que jamás participaron en estos negocios, están sufriendo un daño terrible por medio del desempleo y otras consecuencias desencadenadas por la crisis. Los gobiernos de las potencias han asumido la responsabilidad de rescatar bancos y otras entidades a fines, para evitar el descalabro del sistema financiero. ¿Pero, quién va a resarcir el daño que están sufriendo estos países? Los organismos internacionales deben tomar cartas en este asunto, con carácter de urgencia.